Un diálogo en el Festival de Cine de Nueva York
Los reconocidos directores Pedro Almodóvar y Sofia Coppola participaron en un ameno coloquio durante el Festival de Cine de Nueva York (NYFF), donde discutieron su perspectiva sobre la dirección cinematográfica, el proceso de adaptaciones literarias y la reciente inclusión de coordinadores de intimidad en los rodajes. Ambos cineastas compartieron sus experiencias y anécdotas ante un público muy receptivo.
Adaptaciones literarias y libertad creativa
El director manchego expresó firmemente que “nunca es buena idea” colaborar directamente con los autores de las novelas al momento de realizar una adaptación cinematográfica. Coppola recordó cómo enfrentó la adaptación de Las vírgenes suicidas en conjunto con el autor Jeffrey Eugenides: “Me reuní con él para pedírselo y le envié mi guion. Al principio no le convenció del todo y me hizo comentarios; comprendí que era su criatura.” La cineasta agregó que, a medida que avanzó el proceso, Eugenides quedó satisfecho con el resultado final, resaltando que a menudo es necesario modificar elementos para traducir una historia al lenguaje cinematográfico.
Perspectivas sobre el cine y la literatura
Almodóvar, que llevaba unas gafas de sol para protegerse de las luces, intervino en inglés y español, argumentando que el cine y la literatura son “disciplinas distintas”. Manifestó que un cineasta debe tener la libertad de reinterpretar una obra sin sentirse restringido o “traicionando” al creador original. En este sentido, el director también reveló que actualmente está leyendo Cosamala de la escritora española Alana S. Portero, además de Peces de Eva Baltasar. Al respecto, expresó su interés por llevar esta última a la pantalla, aunque duda que pueda encontrar actrices con la valentía que mostraron Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos en La vida de Adèle para filmar escenas similares.
El rol de coordinadores de intimidad
La conversación se trasladó a la creciente necesidad de incluir coordinadores de intimidad y entrenadores de interpretación en las producciones cinematográficas contemporáneas. Almodóvar comentó con humor que la relación entre el director y los actores se ha convertido en un “trío” al que sumar estas figuras, lo que podría dificultar la visión creativa si hay desacuerdos. Relató una frustrante experiencia con un actor que seguía al pie de la letra las indicaciones de su coach, en detrimento de sus propias directrices, lo que lo llevó a reclamar su autoridad en la dirección. “Luego te digo quién era”, le dijo a Coppola en tono cómplice.
Reflexiones sobre el paso del tiempo en la dirección
Coppola, por su parte, recordó su primera experiencia al incorporar a una coordinadora de intimidad en la filmación de Priscilla: “Al principio me resultó extraño, pero luego agradeces el apoyo”. La directora también reflexionó sobre los retos y las presiones que enfrentó al dirigir Marie Antoinette, una superproducción de 40 millones de dólares, siendo tan joven y buscando establecer una perspectiva femenina en la historia. Con ironía, mencionó que ahora, a sus 50 años, es un placer poder dictar las instrucciones y ser escuchada, en vez de tener que negociar cada decisión.
Días de premios y complicidad profesional
Ambos realizadores, quienes mantienen una relación profesional desde 1999, cuando coincidieron en la temporada de premios con Todo sobre mi madre y Las vírgenes suicidas, disfrutaron de su complicidad durante esta charla de más de una hora. Recordaron un evento en Los Ángeles donde intentaron, sin éxito, conversar con la glamorosa actriz británica Joan Collins.
Proyectos en el festival
Almodóvar cerró la jornada al anunciar que mañana presentará su largometraje número 24, titulado Amarga Navidad. Por su parte, Coppola exhibirá en el festival Making Marie Antoinette, un filme que originalmente fue rodado por su fallecida madre, Eleanor Coppola, y que ella ha completado, reflexionando sobre la creación de la película de 2006.




















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