Sociedad

Nardo: la flor prohibida que encapsula la esencia de mil flores

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Presentación del nardo en la flora local

Desde temprano en la mañana, el puestero de flores en la estación se prepara para su jornada. En la acera, el florista organiza grandes baldes blancos llenos de agua, además de exhibir voluminosos paquetes de flores frescas que han llegado del mercado. También crea una especie de exposición con ramos ya armados listos para la venta. A veces opto por uno de estos arreglos, mientras que otras veces prefiero seleccionar individualmente las flores que deseo. Siempre elijo flores blancas, señalando con el dedo, a menos que recuerde el nombre de cada tipo. Como nos vemos semanalmente y me imagino que le agrado, el señor florista suele incluir alguna flor extra como un obsequio. En ocasiones es un pequeño ramo para mi madre, en otras, puede ser una peonía que ya no está en venta, similar a esos Sugus que el kiosquero del barrio solía regalar: valoro el gesto tanto como lo hacía en aquel entonces.

Recientemente, me llevó una larga vara de nardo. Fui por la tarde, cerca del cierre, y ya quedaban pocas opciones, así que elegí un ramo preparado con la promesa de regresar más tarde en la semana. En mi camino de regreso, el aroma del nardo me envolvía; su perfume dulce y complejo parece emular una mezcla de muchas otras flores. Narcisos, gardenias y frangipanis afloran en mis recuerdos de perfumes de mi adolescencia, pero cuando abro los ojos, solo veo este tallo excepcionalmente largo, con flores blancas que emergen en racimos con forma de estrellas de cinco pétalos.

La historia y significado del nardo

A pesar de su nombre científico, Polianthes tuberosa, no tiene relación con una rosa. Se asemeja a un espárrago gigante, lo que de hecho los vincula filogenéticamente. El perfume es tan intenso que parece tener un peso propio en el aire, detectable en cuanto uno entra al espacio en que se encuentra. Decidí colocarlo solo en su florero: no requiere competencia. Durante la época victoriana, el nardo era considerado tan seductor que se advertía a las jóvenes que evitaran acercarse demasiado a las flores que florecen por la noche, por temor a que una inhalación accidental despertara deseos inconfesables.

  • El nardo tiene una rica presencia en el arte, siendo mencionado entre las muchas especies en la obra La primavera de Sandro Botticelli.
  • En este cuadro se pueden identificar hasta 138 especies distintas y más de 500 flores individuales.

Siempre interpreté esta escena como un jardín surrealista donde todo se vuelve psicodélico: entre naranjos, se representa un rito pagano de fertilidad que involucra a Venus, donde una ninfa exhala flores y se convierte en Flora, rodeada de un esplendor floral. Aunque esperé ver nardos entre sus composiciones, sorprendentemente, no están presentes. Esto se debe a que el nardo, originario de México, no llegó a Europa sino hasta el siglo XVII, a pesar de ser cultivado por civilizaciones como los mayas y aztecas.

Esta fragancia es vista por muchos como la más seductora en perfumería, un intrigante femme fatale oculta tras una apariencia inocente. Pero más allá de lo romántico, es un fenómeno químico. El nardo comparte su esencia con la indol, un componente presente también en el jazmín y la gardenia. En pequeñas concentraciones, el indol resulta glorioso, pero en mayores cantidades puede recordar olores desagradables. Curiosamente, este dejo de descomposición es lo que los perfumistas consideran erótico, porque se produce también en pequeñas dosis en nuestra piel y se libera al aliento en momentos de gran pasión.

Era previsible que María Antonieta hubiese incluido nardos en su jardín, gracias a su perfumista personal, Jean-Louis Fargeon, que los combinó con rosas, violetas y jazmines. La leyenda asegura que Marlene Dietrich los adoraba tanto que incluso llegó a comerlos. El primer perfume moderno que incorporó el aroma afrodisíaco del nardo fue el célebre Fracas de Robert Piguet, lanzado en 1948, que es el que evoco de mi juventud, quizás debido a que alguna amiga le robaba un poco de su madre.

El otoño y el nardo en el presente

El otoño se aproxima, evidenciado por las temperaturas y mi estado de ánimo. Es difícil despedirse del verano. Después de varios días en el florero, la vara de nardo ha comenzado a soltar sus pétalos, que ahora reposan sobre la mesa. Sin embargo, su perfume persiste, manteniéndose casi hasta el último aliento de la flor. Sigo reflexionando sobre la ausencia de nardos en la célebre pintura de Botticelli, a pesar de la multitud de flores que la adornan.

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