Sociedad

La historia de Inés Estévez antes de alcanzar la fama

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Un pasado marcado por la adversidad

La actriz Inés Estévez compartió recientemente uno de los momentos más difíciles de su vida durante una entrevista en televisión. Recordó su experiencia de haber vivido en la calle al llegar a la ciudad, enfrentándose a la imposibilidad de pagar un alquiler. “Me duchaba en el teatro“, confesó a Mario Pergolini en el programa Otro día perdido, donde recordó con detalle aquellos días llenos de incertidumbre y resistencia.

Los inicios en la actuación

A la edad de 17 años, Estévez dejó su ciudad natal, Dolores, impulsada por la ambición de abrirse camino en el mundo de la actuación. Aunque sus padres tenían recursos limitados, la apoyaron en su decisión. “Mi papá era una persona adorable, entendía lo que yo quería, pero no tenía recursos. Y mi vieja era muy severa, pero le dije: ‘Me voy igual’. Me apoyaron, aunque no tenían mucho para aportar”, recordó la actriz, contrastando el amor familiar con la falta de recursos.

Decisiones difíciles y resistencia

La mudanza a la ciudad trajo consigo numerosos desafíos. Tras compartir un departamento y verse obligada a dejarlo, Inés se encontró en una situación complicada. Regresar a casa era una opción que no consideró. “Un día me tuve que ir del departamento que compartía con una chica y volver a Dolores era ir al muere. No sabía pedir ayuda, entonces decidí: ‘Me la voy a bancar’”, relató, describiendo la mezcla de inocencia y determinación que la ayudó a enfrentar la adversidad.

Refugio en una Terminal

En ese contexto, la Terminal de Ómnibus Retiro se volvió su refugio nocturno. “Tenía plata para comer, para moverme, para vestirme, pero no para pagar un alquiler. Así que pensé: ‘¿Dónde pasa desapercibida una chica de pelo largo, ojos claros y con un gran bolso?’. La respuesta fue en Retiro. Hay luz todo el día, la gente anda con bolsos, y elegí ese lugar”, explicó Inés sobre su elección de buscar protección y anonimato en un espacio público.

Un giro inesperado

Durante esta difíciles noches, su rutina giraba en torno al trabajo y la supervivencia. “Iba al teatro, me duchaba ahí, comía con mis amigos”, recordó, enfatizando la importancia de los pequeños momentos de normalidad que encontraba en el ámbito teatral, a pesar de las complicaciones que enfrentaba en su vida personal. A pesar de haber pasado varias noches en la terminal, no sabe con exactitud cuántas fueron. La situación dio un giro cuando alguien de su entorno notó su situación. “Roberto, el director de la obra, se dio cuenta. Me dijo: ‘Necesito a alguien que cuide mi gata y riegue mis plantas’, y ahí fui”, recordó, revelando que esa oportunidad no solo le brindó un hogar, sino que también fue el inicio de una recuperación que dependió tanto de su fuerza de voluntad como de la ayuda de quienes la rodeaban.

Reflexiones sobre la vulnerabilidad

En su conversación con Pergolini, Estévez remarcó que nunca dejó de sentir el riesgo de su situación, aunque desarrolló mecanismos de autoprotección. “Suena tremendo. Siempre tuve mucha inocencia, no tanta ingenuidad porque viví en la calle y creo que eso me salvó”, reflexionó, aludiendo a la necesidad de aprender rápidamente las reglas de la vida en la calle para evitar mayores peligros.

El estigma de pedir ayuda

El testimonio de la actriz resalta también la dificultad de solicitar ayuda en situaciones críticas, donde la vergüenza, la desconfianza y el miedo al estigma pueden hacer que muchos enfrenten circunstancias extremas sin buscar apoyo. En el caso de Inés, la solución llegó de forma indirecta, gracias a la empatía de un colega que interpretó los signos a tiempo.

Este diálogo no solo causó impacto por la historia personal de Estévez, sino también por la crudeza con la que describió su paso por la marginalidad. Lejos de la imagen de éxito y estabilidad que muchos asocian con su nombre, la actriz optó por compartir una parte frecuentemente invisibilizada del mundo artístico y de la juventud migrante en las grandes ciudades. La interacción entre Estévez y Pergolini forma parte de una serie de entrevistas que buscan cuestionar los mitos sobre la fama y el bienestar de los personajes públicos. Su relato, alejado de la autocompasión, se convierte en un testimonio de resiliencia, soledad y la relevancia de los vínculos solidarios en tiempos difíciles.

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