La relación entre el tiempo y la procrastinación
En años recientes, dos sentimientos se han vuelto comunes entre millones de individuos: la sensación de que el tiempo transcurre rápidamente y la frustración de no poder cumplir con tareas que se tienen en mente. Este último fenómeno se conoce como procrastinación, que se define como la postergación voluntaria de actividades a pesar de que esto conlleve consecuencias negativas, según el estudio titulado Procrastinación: Cuando las cosas buenas no llegan a quienes esperan.
La satisfacción de la procrastinación
Los psicólogos han introducido el concepto de dopamina evitativa, que describe cómo el sistema límbico del cerebro busca escapar de tareas que generan ansiedad o incomodidad. Sebastián Ibarzábal, un psicólogo clínico y experto en conflictos interpersonales y comunicación, menciona que “se le llama así porque la dopamina es el neurotransmisor que regula la anticipación de recompensas y el impulso a buscarlas”. Este fenómeno se observa, por ejemplo, cuando en lugar de trabajar en un informe, alguien se pierde viendo videos en TikTok o realiza tareas del hogar que ha pospuesto.
Ibarzábal comenta que la búsqueda de estímulos inmediatos se activa ante situaciones incómodas, creando una evitativa que es efectiva a corto plazo, lo que lleva a su repetición. Sin embargo, estas recompensas rápidas dificultan la concentración en tareas significativas a largo plazo, ya que no ofrecen la misma satisfacción instantánea.
La frustración como raíz de la procrastinación
Victoria Almiroty, licenciada en psicología, agrega que no solo procrastinamos por los estímulos gratificantes, sino también porque ciertas tareas nos enfrentan a sentimientos de frustración, autoexigencia, miedo al fracaso o conflictos con deseos internos. Estas conductas generan alivio inmediato, pero a la larga incrementan la culpa, la ansiedad y la pérdida de autoestima, creando un ciclo negativo complicado de romper.
Identificando la dopamina evitativa
Ambos profesionales han señalado varios síntomas que indican una dificultad crónica por evitar la dopamina:
- Dificultad para permanecer sin estímulos, incluso cuando es posible.
- Inquietud o irritabilidad en ausencia de actividad.
- Uso compulsivo de distractores ante emociones difíciles.
- Postergación frecuente de decisiones relacionadas con la vida personal.
- Fatiga que no mejora con el descanso, el cual también está lleno de estímulos.
Ibarzábal sugiere que si se reconocen estas señales, es importante no apresurarse al juicio ni al diagnóstico, sino prestar atención a lo que se hace en momentos de impulso de huir. Este registro honesto se convierte en un primer paso para conectar con la vida interior, algo que el circuito de dopamina evitativa obstruye.
Estrategias para romper el ciclo
Almiroty menciona que las evitaciones relacionadas con la tecnología son sumamente adictivas y no siempre se pueden combatir solo con voluntad. Para aquellos que detectan el problema en etapas tempranas, ofrece las siguientes recomendaciones:
- Desinstalar aplicaciones de redes sociales mientras se estudia o trabaja.
- Delegar el teléfono a otra persona durante un tiempo.
- Mantener el celular fuera de alcance, a menos que sea una urgencia.
- Buscar ambientes con menos estímulos o adoptar hábitos más analógicos.



















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