Espectáculos

Cuando dejé de volar: Un nostálgico y complejo viaje al pasado en un espectáculo autoral

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Un regreso cargado de emociones

Cuando dejé de volar, una obra de Pablo Gorlero, se presenta con las actuaciones de Gonzalo Aguirre, Jerónimo Dodds y Teo Rotenberg Hirsch. La dirección de títeres está a cargo de Mariano Agustín Botindari y Diego Ferrari, mientras que las voces en off son proporcionadas por Patricio Coutone y Susana Dutk. La escenografía es diseñada por Vanesa Abramovich, y el vestuario por Luis Skupien. Fernando Nazar se encarga de la música, Marina Svartzman de la coreografía y la iluminación es obra de Bandi. El espectáculo se presenta en el Centro Cultural de la Cooperación (Avenida Corrientes 1543) los días sábados a las 18:00, con una duración de 60 minutos.

Explorando la infancia y la memoria

La infancia es un territorio del que nunca se deja de regresar, aunque los caminos pueden ser complicados. Esta afirmación resume efectivamente lo que propone Pablo Gorlero en su nueva creación. Al igual que en trabajos anteriores como Mi don imaginario, el autor profundiza en una poética que gira en torno a preguntas fundamentales: ¿A dónde queda el pasado? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Cómo se relacionan nuestro yo actual y aquel niño que fuimos?

En Cuando dejé de volar, un hombre retorna a su hogar familiar con un propósito de adulto (que no revelaremos aquí). Sin embargo, al entrar en su antigua habitación, empieza a revivir recuerdos y a encontrar aquellos seres que compartieron su niñez. Ambos actores que representan al mismo personaje —el que fue y el que es— se encuentran y, a veces, no se reconocen, aunque nunca pierden la ternura ni la capacidad de perdonar.

Fantasmas del pasado

La escenografía, obra de Vanesa Abramovich, actúa como un lienzo que juega con perspectiva y profundidad, otorgando a la representación un carácter onírico y casi fantástico. De las paredes y muebles emergen seres vivos que interpelan al protagonista. En este contexto, un par de muñecos y un perro juegan un papel clave, ayudando a recuperar la esencia del niño que una vez fuimos, aunque también evocando el sentimiento de culpa que puede surgir en este reencuentro.

Los titiriteros desempeñan un papel primordial, logrando que sus personajes cobren vida a través de una técnica de manipulación excepcional. Las figuras como Capitán Roger, Eusebio, el perro Francisco y el amigo imaginario Darío activan los elementos de la fantasía y la imaginación.

En el aspecto musical, la partitura busca intensamente provocar emociones y construir los diferentes niveles de realidad. Se destaca la actuación vocal de Jerónimo Dodds, quien se mueve con soltura a través de las exigencias de la composición, interpretando a un personaje cargado de dolor y abandonos propios de la adultez. Las figuras adultas son fuertemente cuestionadas, incluida la única mujer que aparece como voz, portando un discurso desolador. Además, el personaje del padre se refleja a través de una carta conmovedora que evoca su ausencia.

Un espacio escénico limitado

Pablo Gorlero ha demostrado tener una sensibilidad notable para representar estos mundos imaginarios donde se fusionan la música, la coreografía, el vestuario y la escenografía. Sin embargo, la sala del CCC puede parecer un poco pequeña en relación al dinamismo del espectáculo, lo que lleva a que algunos artistas se sientan incómodos al ejecutar coreografías en un espacio escénico que limita sus movimientos, ya que parte del escenario se debe reservar para los mecanismos necesarios que permiten lograr los efectos deseados en la representación.

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