Profesionales con doble trabajo
A las 7 de la mañana, un docente universitario inicia su jornada en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Más tarde, en un esfuerzo por aumentar sus ingresos, se convierte en conductor de Uber. Similares situaciones viven otros profesionales, como un enfermero del Hospital Garrahan, que tras concluir su guardia nocturna, se quita el uniforme y se conecta a la plataforma para obtener un dinero extra.
Un investigador, después de dejar a su hijo en la escuela, activa el servicio de DiDi para aprovechar el regreso a casa. Un policía federal también se levanta antes del amanecer para realizar viajes en sus ratos libres. Lo que antes parecía inusual se ha vuelto una realidad cotidiana en Argentina: profesionales bien calificados que requieren trabajar en aplicaciones de transporte para poder subsistir.
Crecimiento de conductores part-time
Las cifras reflejan esta transformación gradual en la dinámica laboral. Datos de Cabify indican que los conductores que trabajan a tiempo parcial, aquellos que utilizan la aplicación como una fuente de ingreso complementaria, han aumentado más del 12% en comparación con el año anterior. En 2025, representaban entre el 31 y el 33% de los conductores, y para 2026 esa cifra ha ascendido a cerca del 37%. Desde la compañía se afirma que este segmento ha crecido a un ritmo superior al 10% respecto a otros perfiles, y actualmente constituye el 45% de los conductores activos.
Uber también aporta sus datos: siete de cada diez conductores trabajan menos de 20 horas semanales y utilizan la plataforma como un apoyo económico adicional, mientras que en DiDi se estima que el 90% de sus conductores se conecta para incrementar sus ingresos.
La realidad de Iván Burnes
Iván Burnes, un enfermero de 42 años y padre soltero de dos niños, ha estado manejando para Uber desde hace dos años. Este profesional, que se graduó en la Cruz Roja Argentina, comparte su experiencia sobre cómo ha tenido que adaptarse a las necesidades económicas de su familia. A pesar de haber soñando con una carrera estable, se dio cuenta de que su salario no era suficiente.
Antes, su trabajo en el Garrahan aseguraba un buen ingreso, pero hoy en día, a pesar de tener un salario de alrededor de un millón de pesos, no logra llegar a fin de mes. “Mis compañeros también comenzaron a buscar soluciones, algunos haciéndolos a través de Uber,” cuenta. Tras muchas dudas en torno a los riesgos de conducir, comenzó a experimentar las ventajas económicas en una noche lluviosa que lo motivó a seguir.
Jornada extenuante
Ahora, Iván debe dividir su tiempo entre cuidar a sus hijos, trabajar en el hospital y hacer viajes en Uber. Relata que, en ocasiones, se siente frustrado y triste porque el título universitario ya no garantiza estabilidad. A pesar de la carga emocional de su trabajo, como atender emergencias difíciles, debe seguir conduciendo para complementar sus ingresos.
La vida de Nicolás y Mauricio
Nicolás Andrés Pozdzik, sociólogo y docente universitario, también lleva una doble vida. Sus horarios lo llevan a combinar la enseñanza con el manejo de la aplicación, dedicando horas a ambas actividades cada semana. Al igual que Iván, también siente el impacto en su salud y tiempo familiar.
Por otro lado, Mauricio Torme, otro sociólogo que se especializa en investigar la uberización del trabajo, demuestra que vivir la realidad que estudia es abrumador. Con una vasta experiencia académica, siente que su dedicación al conocimiento se ve opacada por la necesidad de buscar ingresos adicionales, que ahora provienen de su trabajo como conductor.
El caso de G. Ferreyra
Finalmente, G. Ferreyra, un oficial de la Policía Federal, aborda sus arduas jornadas con un enfoque pragmático. Se levanta más temprano para maximizar sus ingresos a través de la aplicación antes de su turno. Aunque los pasajeros se sorprenden al enterarse de su profesión, él expresa que la estabilidad que suponía su trabajo como policía se ha esfumado, llevándolo también a buscar ingresos extra.
La situación laboral actual ha llevado a que muchos profesionales, desde enfermeros a docentes y policías, dependan de aplicaciones de transporte para sostener sus vidas diarias. Mientras tanto, la pregunta persiste: ¿Cómo es posible que aquellos con alta educación y vocación enfrenten estas realidades?
















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