Amor eterno en el paso del tiempo
Existen historias de amor que parecen extraídas de un guion que busca demostrar que los sentimientos pueden desafiar al tiempo. Tal es el caso de la relación entre Violeta Rivas y Néstor Fabián, que, a lo largo de más de cinco décadas, han compartido no solo su vida, sino también escenarios, triunfos, una hija y una nieta. Su adiós fue tan profundo que quedó grabado en la memoria de Néstor, quien escuchó de Violeta las palabras: “Me muero” mientras ella lo miraba a los ojos en su último momento.
Un inicio inesperado
La historia de amor de esta pareja comenzó en 1964, cuando ambos eran jóvenes talentos en el mundo de la música argentina, trabajando en Canal 13. Aunque no estaban en el mismo programa, compartían director y eso los llevó a cruzarse en los pasillos del canal. Néstor recuerda claramente la primera vez que vio a Violeta, quien iba absorbida por un libreto y con fama de perfeccionista. Decidió presentarse:
— Encantado.
Pero Violeta continuó su camino, ignorando su saludo. Años después, Néstor se reía de aquella situación, sin saber si ella realmente no lo oyó o si estaba demasiado concentrada.
La promesa de un amor
El destino rápidamente les dio otra oportunidad. Un tiempo después, Néstor fue llamado para un programa de radio en El Mundo, donde descubrió que Violeta también estaba invitada. En esta ocasión, ella fue cálida y comunicativa, rompiendo el hielo de inmediato. Su relación comenzó a florecer rápidamente.
Violeta lo integró en su familia, una unión que se consolidó con almuerzos y cenas, creando una conexión tan fuerte que, sin darse cuenta, Néstor cayó enamorado. Después de un tiempo, reconocería que se trató de un amor a primera vista.
Momentos difíciles y una boda memorable
Sin embargo, su historia no estuvo exenta de desafíos. Violeta sufrió una grave disfonía tras una serie de presentaciones en Paraná, lo que generó incertidumbre sobre su futuro como cantante. En medio de esta preocupación, un acontecimiento extraordinario ocurrió en 1966. Después de una actuación en Santa Fe, Néstor se unió a una multitud que se dirigía a la Iglesia de Guadalupe, donde hizo una promesa: si su amada recuperaba la voz, se casarían allí. El tiempo le dio la razón; Violeta se recuperó y cumplieron con la promesa, celebrando su boda en marzo de 1967. Su ceremonia fue un evento nacional transmitido en vivo por el programa Sábados Circulares.
Una vida llena de música y amor
La conexión entre Violeta y Néstor creció a lo largo de los años. No solo construyeron una sólida familia, sino que también compartieron infinitos momentos en el escenario. Violeta, con su técnica lírica, y Néstor, con su sensibilidad tanguera, lograban juntos un resultado excepcional. La llegada de su hija, Analía Verónica, y más tarde de su nieta, Zoe, completó su familia, llenando sus días de dicha.
Desafíos de la enfermedad y un amor inquebrantable
La convivencia no estuvo exenta de dificultades. Violeta fue diagnosticada con Alzheimer, una enfermedad que la llevó a ir perdiendo lo que una vez fue. Néstor, con una decisión firme y amorosa, optó por cuidarla en casa en lugar de buscar asistencia profesional, deseando mantenerla rodeada de afecto familiar. Con el apoyo de su hija y su nieta, construyeron un entorno protector basado en amor y cariño.
El adiós
Con el paso del tiempo, la enfermedad avanzó, y Violeta fue ingresada en el Sanatorio Güemes. A pesar de la excelente atención que recibió, el desenlace estaba cerca. En su última ocasión, mientras una enfermera le brindaba ayuda, Violeta miró a Néstor y pronunció de nuevo las palabras que permanecerán en su recuerdo: “Me muero”. Acompañada de un beso de despedida de Néstor, esa fue la última vez que estuvieron juntos. Años después, Néstor aún la extraña intensamente, conservando imágenes y recuerdos de su amada.
Cada noche, Néstor mantiene un ritual: observa las fotos de Violeta y le habla en silencio, reafirmando que, aunque la ausencia es profunda, el amor nunca se extinguió. Para él, su relación, marcada por más de cincuenta años, sigue intacta, recordando cada noche: “Hasta mañana, querida”.




















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