Un trágico suceso y el misterio del chalet
La devastadora decisión de Luis Süllos de quitarle la vida a su hermana Lily Süllos, reconocida astróloga, antes de suicidarse, ha suscitado un sinfín de especulaciones e intrigas. Este fatal acontecimiento, que tuvo lugar el 15 de septiembre de 2013, desencadenó un aura de misterio alrededor del chalet de dos plantas en La Lucila, provincia de Buenos Aires, donde residían ambos.
La conmoción en el vecindario fue profunda, dado que ambos eran figuras muy queridas y respetadas en la comunidad. Con el paso del tiempo, comenzaron a surgir rumores, algunos de ellos infundados, pero otros respaldados por testimonios de los residentes cercanos. A partir de las casas adyacentes, se percibieron olores desagradables que alarmaron a los vecinos, quienes empezaron a dejar notas bajo la puerta del chalet solicitando atención para el problema de los malos olores, temerosos de que pudiera haber animales muertos en el interior o que las instalaciones estuvieran siendo utilizadas para rituales satánicos.
Las inquietantes intrusiones y la búsqueda de soluciones
Un creciente número de quejas se planteó por la aparición de bandadas de murciélagos que provenían del chalet, lo que provocó que algunos vecinos decidieran mudarse por el temor que esto suscitaba en sus hijos. En una comunicación enviada por correo electrónico a la artista Aniko Szabó, a quien Lily consideraba como una hija, Luis explicó sus acciones en la trágica noche. En la carta, mencionó que su hermana había sufrido un derrame cerebral y se encontraba en estado crítico. “Me parece que Lenke tuvo un derrame cerebral serio… La solución es rápida y ruidosa”, narró
Aniko Szabó, amiga cercana de los Süllos, señaló que la casa quedó vacía después de la tragedia, pero con el tiempo, fue ocupada por marginales que comenzaron a delinquir, creando un clima de inseguridad en un barrio previamente tranquilo. Al entrar en el chalet, Aniko notó una energía extraña y negativa, en marcado contraste con la calma y el equilibrio que habían caracterizado el hogar en los días en que los hermanos lo habitaban.
Intentos de usurpación y la llegada de nuevos propietarios
En marzo de 2015, un grupo de delincuentes intentó irrumpir en el chalet, presentando documentación falsificada que los acreditaba como los propietarios. Alertados por las sospechosas actitudes de los intrusos, los vecinos llamaron a la policía, obligándolos a desistir temporalmente. Sin embargo, dos meses después, los delincuentes regresaron con un cerrajero y establecieron un campamento en la casa, llegando a haber hasta ocho personas en el lugar.
En medio de esta situación, Aniko decidió presentar una denuncia para recuperar la propiedad, que dio lugar a un proceso judicial. El caso fue manejado por el Juzgado de Garantías Nº 3 de San Isidro, con la participación de fiscales de la Fiscalía Nº 1 de Vicente López. A través de operaciones policiales, se logró desalojar a los delincuentes del chalet.
La búsqueda de herederos e la historia de Alejandro
Preocupada por la posibilidad de que la casa volviera a ser ocupada por delincuentes, Aniko inició una búsqueda entre los contactos de Lily y encontró a dos primas hermanas que residían en Hungría. Tras reunirse con ellas, las mujeres viajaron a Argentina para gestionar la sucesión. Una vez completados los trámites, su papel fue administrado por Aniko, quien se encargó de mostrar la casa a posibles compradores. Sin embargo, muchos de ellos se mostraban reacios a adquirirla tras conocer la trágica historia del lugar.
Todo cambió cuando un joven llamado Alejandro visitó el chalet en 2016. Tras recorrerla, declaró que era la casa de sus sueños. Alejandro, un economista que había estudiado en Argentina y perfeccionado sus estudios en España, estaba comprometido con proyectos sociales en África. Atraído por el aviso de venta, se puso en contacto con Aniko y le expresó su deseo de comprar la propiedad, a pesar de no contar con la totalidad del dinero en ese momento. Su entusiasmo y determinación cautivaron a Aniko, quien aceptó un adelanto y confió en que Alejandro cumpliría su promesa de pago.
Renovación del chalet y recuperación de la energía positiva
Dos años más tarde, Alejandro completó las obras de renovación del chalet, inició su propia familia y recuperó la energía positiva que había estado ausente. La casa, una vez habitada por los hermanos Süllos, se llenó nuevamente de vitalidad y alegría. Lily solía recordar sus travesuras de niña, como aquellas ocasiones en las que bromeaba con su abuela, creando recuerdos entrañables que ahora resuenan con fuerza entre las paredes del chalet.



















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