Sociedad

Desafíos en el transporte público: largas esperas y reducción de frecuencias

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Problemas en el servicio de transporte urbano

Este miércoles, el transporte público urbano se vio gravemente perjudicado por el aumento en el precio del gasoil, la escasez de combustible, y retrasos en los pagos del Gobierno nacional y de la provincia de Buenos Aires. Según distintas empresas del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), la frecuencia de los colectivos ha disminuido hasta un 40%.

Largas filas y frustración

Desde primera hora del día, las paradas se han llenado de pasajeros. Un recorrido realizado en Liniers, un nodo fundamental para las conexiones de transporte, mostró largas filas desde tan temprano como a las 7:10 AM. Cuando finalmente llega un colectivo, los usuarios corren y se empujan para conseguir un lugar. “Estoy esperando el 28. Cualquiera que venga. Voy a Ciudad Universitaria. Ayer me pasó lo mismo”, comentó Delfina Evers, una estudiante de 20 años. Delfina expresó su preocupación porque si llega tarde a la facultad, puede recibir una falta.

Un desorden habitual

Más adelante, en la misma parada, Oriana Santos, de 27 años, también compartió su frustración. “Siempre llego a las 6:40 para tomar el colectivo a las 7, y hoy ya son 7:20 y no he podido subir”, lamentó. La situación, según sus palabras, ha causado un descontrol general en las filas y el comportamiento de los viajeros.

Alternativas ante la crisis

Algunos conductores han intentado beneficiarse de la situación. Un transportista de combi gritaba: “Vamos a Saavedra, Constitución, Once. $4000, $4000 para todos lados”. En la parada del 8, aunque con menos aglomeración, la espera también se siente. Santiago Placona, de 21 años, comentó que aunque la situación es habitual, hoy había más gente.

La situación en Plaza Constitución

La misma escena se reproduce en Plaza Constitución, con filas que se extienden sobre varias paradas. Varios usuarios intentan subir a distintas líneas, entre ellas las 51, 168, 98, 100, y 12, pero la espera se alarga. Dayana Viña, que se dirigía al barrio de Cañitas, narró cómo intentó subir a un colectivo de la línea 59 pero tuvo que bajarse por la multitud. Otros, como Noemí Carballo, también notan un incremento en los tiempos de espera.

Crisis de servicio en Avellaneda y alrededores

La reducción en los servicios se hizo evidente en Avellaneda, donde se observaron largas filas en las paradas más concurridas. Marcelo, trabajador de la línea 373, señaló que se han notado mayores demoras en líneas cruciales como la 17. Entre los pasajeros, Jesica, de 28 años, resumió el desánimo: “Llevo más de 30 minutos esperando”, refiriéndose a su trayecto hacia la Capital.

Una nueva normalidad

En lugares como Puente Saavedra, aunque el movimiento no es tan intenso, la frecuencia de colectivos sigue siendo una gran preocupación. Kevin Daniel Escano, quien se dirigía a una entrevista de trabajo, compartió que la incertidumbre sobre el tiempo de espera lo angustia. Al final de la fila, Tatiana Olién y su hermana aguardaban el 133, también sintiendo los efectos de la reducción en la frecuencia. La situación parece ser parte de una nueva normalidad, y muchos se ven obligados a ajustar sus horarios en función del limitado servicio.

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