Un comienzo inesperado de una larga lucha
Sas Parsad, un residente de Eastbourne, Inglaterra, despierta una madrugada con fuertes dolos estomacales, los cuales atribuyó inicialmente a una posible intoxicarón alimentaria. Sin embargo, lo que parecía un evento aislado resultó ser el principio de un largo y complicado camino hacia un diagnóstico que cambiaría su vida para siempre.
Él, que ahora cuenta con 45 años, recuerda que a los 30 años se sintió obligado a buscar ayuda médica luego de diez días de sufrimiento. “Pensé que había comido algo dudoso y que me recuperaría en unas pocas días”, compartió en una entrevista. Pero, a medida que pasaban los días, el dolor se intensificó. Recordó que el malestar era tan alto que desencadenó episodios de urgencia y dolor agudo, lo que lo llevó a consultar a un profesional de la salud. En un principio, el médico diagnosticó una posible infección por Salmonella, pero la verdad estaba aún oculta.
La vida alterada por el sufrimiento
Con el paso del tiempo, Parsad enfrentó noches interminables luchando contra problemas gastrointestinales. Su calidad de vida se deterioró considerablemente, limitando su trabajo y sus actividades sociales. “Estaba prácticamente confinado en casa, con dolor y sangrado constante. Iba al baño más de 100 veces al día y tenía miedo de comer por si empeoraba la situación”, confesó.
Cada nueva salida de su hogar era una preocupación, siempre considerando la ubicación y limpieza de los baños públicos. “Nunca había deseado usar un baño público, pero aquella frase de ‘cuando tienes que ir, tienes que ir’ adquirió un nuevo significado”, dijo.
Un diagnóstico revelador
Después de un período prolongado sin respuestas, incluyendo intentos fallidos con diferentes dietas, y perdiendo 15 kilos, su madre lo instó a volver al médico. Así, se sometió a múltiples pruebas, entre ellas resonancias magnéticas y una colonoscopia que finalmente revelaron que sufría de enfermedad de Crohn, una afección inflamatoria intestinal que afecta el tracto digestivo.
“Cuando me dijeron que era la enfermedad de Crohn, me quedé en shock. Me explicaron que era una enfermedad crónica y grave”, relató Parsad. La facultativa le advirtió que podría necesitar una cirugía para extirpar parte de su intestino en los próximos años y le recomendó iniciar un tratamiento con esteroides e inmunosupresores.
Tomando el control de su vida
El diagnóstico dejó a Parsad devastado: “Creo que me desmayé. Después me dieron un vaso de agua en la cama”. Sin embargo, tras un tiempo de reflexión, decidió tomar control de su situación y comenzó a investigar sobre su enfermedad. Implementó el ayuno intermitente y modificó su dieta radicalmente, eliminando el azúcar, alimentos procesados y cualquier ingrediente nocivo.
Los resultados fueron casi inmediatos: “Los síntomas empezaron a disminuir y mis niveles de energía se elevaron. Comencé a sentirme mucho mejor y volví a encaminar mi vida”, comentó.
Además de cambiar su alimentación, incorporó actividad física y priorizó su descanso: “Salgo a caminar todos los días, tomo vitamina D, me mantengo hidratado y mejoré mi rutina de sueño. Me sorprende lo bien que me siento”, añadió.
En conclusión, *Parsad* compartió su perspectiva: “El vaso está medio lleno. Sí, tengo una condición crónica que puede presentar desafíos, pero comparado con lo que otros enfrentan, es una gota en el océano. No tengo planes de someterme a cirugía o medicación mientras pueda evitarlo. Por ahora, la tengo bajo control”.



















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