Una vida en dualidad
Virginia Putignano, reconocida en Buenos Aires como la “escribana de los famosos”, vive una vida que mezcla la ciudad y el campo. Mientras desempeña su actividad como figura de confianza de la Embajada de Italia y maneja documentos para celebridades, regresa a su hogar en Lincoln, donde gestiona su tambo y defiende el precio de la leche contra la industria.
Compromiso con el legado
Allí, en su tambo “La Caridad”, Virginia siente la responsabilidad de continuar el legado de su padre, Henry Putignano, quien le inculcó que el campo puede ser “el paraíso terrenal”. Cada día, reflexiona sobre las decisiones que tomaría su padre, ya sea al cambiar una tranquera o al tomar un crédito.
“Cuando pienso en mis acciones en el tambo, siento que él está presente. Más allá de poder dedicarme completamente a mi carrera, la memoria de mi padre me impulsa a seguir adelante y conservar el trabajo en Lincoln”, manifestó Putignano.
La realidad del tambo
Virginia gestiona actualmente 175 vacas en ordeño, manteniendo la promesa a su padre de no vender ni arrendar el establecimiento. “La Caridad tiene mucha historia. Mi meta es llegar a las 200 vacas que papá tuvo en su mejor momento”, afirmó.
Recientemente, el tambo consiguió un aumento en su población animal gracias a la compra de 23 vaquillonas. Sin embargo, la realidad de la producción lechera es difícil. “Cada vaquillona tiene un alto costo y los márgenes son ajustados”, explicó.
Métodos de producción innovadores
A pesar de la tendencia a separar a las crías y alimentarlas con leche en polvo, Putignano opta por el sistema de “vaca ama“, donde las terneras son amamantadas. “Esto ha resultado en una mortalidad nula y una mejor genética para futuras madres”, reveló.
Su tambo produce un promedio de 26 litros por vaca y ha implementado medidas para cuidar de sus animales, como ventiladores y sistemas de refrigeración. Sin embargo, enfrenta dificultades debido a las fluctuaciones del mercado y la falta de regulación en los precios.
Desafíos y logros económicos
a pesar del Sistema Integrado de Gestión de la Lechería Argentina (Siglea) que establece precios mensuales, Virginia ha tenido que luchar para obtener un pago justo por su leche. “Este mes me pagaron menos, y estoy tratando de que me regulen la diferencia”, manifestó.
La gestión empresarial de Putignano le ha permitido realizar pagos anticipados con mejores condiciones, un logro poco común en la industria. Sin embargo, es cautelosa con respecto a la robotización en el tambo.
Homenaje a un legado
La figura de Henry Putignano sigue siendo inspiradora para Virginia, quien recordó la relación simbiótica que tuvieron hasta el final. “La cantidad de detalles que cuido en el tambo son un homenaje a él. Siempre recordaré cómo cuidaba a los animales”, concluyó.


















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