Un accidente milagroso
El pasado lunes, Agustín Mancini, un joven de 24 años, sufrió un accidente automovilístico mientras regresaba a su hogar en Bigand, en el sur de la provincia de Santa Fe. Al pasar por un puente, perdió el control de su Chevrolet Cruze, que terminó cayendo al río Saladillo. Tras este incidente, Agustín logró salir del vehículo, que quedó volcado con las ruedas hacia arriba, y se aferró a la orilla durante casi 24 horas.
La búsqueda y el hallazgo
En medio del agua, el joven aguantó con gran coraje mientras llamaba a su novia y se tapaba con pasto para mitigar el frío. Su familia, incluidos su hermano Mauro y amigos, iniciaron una intensa búsqueda, llegando a recorrer 20 vehículos por la ruta nacional 178, mientras las redes sociales se convertían en un recurso vital para encontrarlo.
Mauro recordó que Agustín habló con él a las 09:30, indicando que regresaba a casa, aunque la lluvia dificultaba las condiciones de manejo. Después de no recibir nuevas comunicaciones, la preocupación creció y Mauro sintió que algo no estaba bien. Sus miedos se confirmaron cuando un ciclista, Diego “Chicha” Cardoni, lo encontró.
El rescate heroico
Cardoni, quien estaba entrenando en su bicicleta, notó algo inusual al cruzar el puente. Avistó restos plásticos y al acercarse, se dio cuenta de que eran del auto de Agustín. Al descubrirlo en la orilla, con la mitad del cuerpo en el agua, rápidamente llamó a la policía y los bomberos mientras trataba de reconfortarlo. Agustín estaba semiinconsciente y presentaba síntomas de hipotermia, resultados de la fría noche en el río.
El momento del hallazgo fue oportuno; al mismo tiempo, familiares de Agustín cruzaban el puente en busca de respuestas. Cardoni los llamó, exclamando: ”¡Está con vida, está con vida!”
Atención médica eficiente
Los servicios de emergencia llegaron rápidamente, trasladando a Agustín a un centro de salud en Casilda y luego al Hospital Español en Rosario. Allí fue diagnosticado con un edema cerebral, una fractura en la parte superior del ojo y algunas contusiones, aunque su condición se consideraba estable y recuperable.
Mauro afirmó que el alivio de haberlo encontrado sano y salvo es un acto de fe. “No sé cómo soportó el frío ni cómo salió del auto, pero siento que hay algo más grande detrás de esto”, reflexionó. De hecho, Agustín ni siquiera recuerda el accidente, aunque su supervivencia puede atribuirse a la activación de los airbags y al cinturón de seguridad que llevaba puesto.
Un espíritu indomable
Aunque su vehículo fue recuperado del río poco después, el milagro de su supervivencia resuena en la comunidad. En su primer día en terapia, Agustín preguntó al médico sobre un torneo de pádel programado para el viernes, mostrando su inquebrantable voluntad de superar este desafío y volver a la normalidad.




















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