Política

Renuncias en el gobierno británico marcan crisis para Keir Starmer

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Crisis política en el Reino Unido

El primer ministro británico, Keir Starmer, enfrenta la que es considerada la crisis política más severa desde que asumió el cargo. Esto ocurre tras la renuncia consecutiva de dos de sus colaboradores más cercanos, en medio de una creciente presión interna y externa por el escándalo que involucra al exembajador británico en Estados Unidos, Peter Mandelson, y su relación con el fallecido financista estadounidense Jeffrey Epstein.

A pesar de los crecientes llamados a su dimisión, Starmer ha reafirmado su intención de continuar en el cargo y ha prometido que se mantendrá “centrado” en su trabajo. La última renuncia se produjo el pasado lunes, cuando Tim Allan, director de comunicación de Downing Street, decidió abandonar su puesto tras solo cinco meses en funciones.

Dimisiones en serie

“He decidido retirarme para permitir la formación de un nuevo equipo”, señaló Allan en un comunicado. Su salida ocurrió menos de 24 horas después de que Morgan McSweeney, jefe de gabinete de Starmer, también dimitiera. McSweeney, quien había sido considerado el principal estratega político del gobierno y una figura clave en el triunfo electoral del Partido Laborista en 2024, asumió la responsabilidad de haber recomendado a Mandelson para el cargo de embajador en Washington, a pesar de su controvertida historia y su vinculación con Epstein.

“Después de una reflexión profunda, decidí renunciar. El nombramiento de Peter Mandelson fue un error. Yo lo recomendé y asumo toda la responsabilidad”, explicó McSweeney en su anuncio.

Detonante del escándalo

La crisis se intensificó tras la divulgación en Estados Unidos de una nueva serie de documentos relacionados con Epstein. Estos archivos revelaron detalles adicionales sobre las conexiones de Epstein con diversas figuras políticas y empresariales de alto perfil. Entre los detalles expuestos se encontraban correos electrónicos entre Epstein y Mandelson, que indicaban una relación prolongada, además de transacciones financieras, fotografías privadas y el aparente intercambio de información sensible relacionada con asuntos oficiales.

Epstein, quien se suicidó en prisión en 2019 mientras enfrentaba cargos por tráfico sexual de menores, había sido previamente condenado en 2008 por delitos sexuales. Las revelaciones recientes han renovado el escrutinio hacia aquellos que mantuvieron relaciones con él incluso después de su condena. Mandelson, de 72 años, fue uno de los más mencionados en estos documentos y fue apartado de su cargo diplomático en septiembre pasado.

A pesar de no enfrentar acusaciones formales de abuso sexual, la policía británica está investigando si Mandelson incurrió en mala conducta en el ejercicio de sus funciones públicas, basándose en documentos que sugieren que pudo haber compartido información gubernamental confidencial con Epstein hace más de diez años. Este tipo de delito conlleva severas penalizaciones en el Reino Unido, aunque hasta el momento Mandelson no ha sido arrestado ni formalmente acusado.

La defensa de Starmer y las críticas políticas

Starmer reconoció haber “creído las mentiras de Mandelson” y se disculpó públicamente por su nombramiento. Afirmó que publicará la documentación relacionada con la designación de Mandelson, que según el gobierno, demostraría que este engañó a los funcionarios sobre la naturaleza de su vínculo con Epstein. Pese a ello, el primer ministro ha descartado dejar su puesto.

“Tengo la intención de seguir llevando a cabo este trabajo vital para nuestro país, porque es la prioridad absoluta de este gobierno”, afirmó Starmer, quien se dirigió al equipo de Downing Street para expresar su frustración por la situación y apelar a la cohesión interna. En ese mensaje, destacó a McSweeney como “un amigo” y uno de los principales responsables de la transformación del Partido Laborista que permitió su triunfo en las elecciones de 2024. “Seguiremos adelante desde aquí”, subrayó.

Desde la oposición, la líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, intensificó las críticas hacia el primer ministro. “Que le hayan aconsejado mal no es una excusa válida para un dirigente. Los asesores aconsejan, pero los líderes deciden”, declaró. “Tomó una mala decisión y su posición ahora es insostenible”, añadió.
Algunos legisladores laboristas han expresado preocupación en privado sobre el impacto que este episodio puede tener en la imagen del gobierno y la unidad del partido.

Impacto en los mercados y futuros inciertos

La renuncia de McSweeney ha generado interpretaciones diversas dentro del oficialismo. Para algunos, su salida ofrece a Starmer la oportunidad de relanzar su gestión, mientras que otros consideran que lo ha dejado aislado y debilitado, sin su principal aliado político. En este contexto, el líder laborista escocés Anas Sarwar pidió abiertamente la dimisión del primer ministro, advirtiendo que las “fallas” en Downing Street amenazan con extender el dominio del Scottish National Party en Escocia.

La crisis también ha afectado a los mercados, con un aumento en los costos de financiamiento del gobierno británico, reflejando la inquietud de los inversores por un posible escenario de inestabilidad política. Expertos advierten que un cambio abrupto de liderazgo o una crisis prolongada podrían impactar la agenda económica del Ejecutivo. Desde su llegada, Starmer ha batallado para cumplir sus promesas de impulsar el crecimiento económico y mejorar los servicios públicos, en un contexto en el que el Partido Laborista se ve rezagado en las encuestas frente a Reform UK, un partido de derecha que capitaliza el descontento social. Aunque el escándalo Mandelson-Epstein ha exacerbado la situación, ya existían debates internos sobre el rumbo del gobierno.

En el sistema parlamentario británico, los primeros ministros pueden ser reemplazados sin la necesidad de convocar a elecciones generales si pierden el liderazgo de su partido. Desde 2019 hasta 2024, los conservadores enfrentaron tres cambios de primer ministro, incluida la breve gestión de Liz Truss, que duró solo 49 días. Starmer había prometido acabar con este ciclo de inestabilidad, pero su futuro político ahora se encuentra bajo una intensa observación. Por el momento, el primer ministro se mantiene firme ante la tormenta. Sin embargo, las renuncias de sus dos colaboradores más cercanos, el avance de las investigaciones sobre Mandelson y la creciente presión dentro y fuera del Partido Laborista han abierto un capítulo de profunda incertidumbre en la política británica, cuyo desenlace permanece en el aire.

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