Una Historia Silenciada
Existen relatos que perduran porque han sido compartidos y otros que permanecen en el olvido por elección. La historia de las Cautivas Corrientinas se encuadra en esta última opción. Durante la Guerra de la Triple Alianza, cinco mujeres de familias adineradas de Corrientes fueron capturadas por soldados paraguayos y llevadas al Paraguay, donde estuvieron retenidas más de cuatro años. Una de ellas falleció mientras estaba prisionera, mientras que las otras cuatro regresaron a Corrientes en septiembre de 1869.
El Silencio del Regreso
Al volver, las mujeres no se reunieron con sus seres queridos ni respondieron a quienes las esperaban; en su lugar, avanzaron silenciosamente hacia la iglesia Nuestra Señora de la Merced para cumplir una promesa que se convertiría en un enigma histórico de la región.
Investigación de Mario Markic
Mario Markic reconstruyó esta historia en su programa En el camino, donde recopiló testimonios y documentos, colaborando con el historiador Miguel Fernando González Azcoaga y la historiadora María Gabriela Quiñones. Juntos recontextualizaron una narrativa que había estado rodeada de un profundo silencio por décadas.
La Invasión de Corrientes
Los eventos iniciaron el 13 de abril de 1865, durante un Jueves Santo, cuando tropas paraguayas invadieron Corrientes, marcando la primera incursión notable en territorio argentino. Este evento llevó a muchos ciudadanos y autoridades a refugiarse en el interior provincial, dando inicio a la captura de las cinco mujeres, que eventualmente serían reconocidas como Las Cautivas.
- Las víctimas fueron Victoria Bart de Ceballos, Carmen Ferré de Alsina, Toribia de los Santos de Sosa, María Encarnación Atienza de Osuna, y Jacoba Plaza de Cabral.
- Vinculadas con hombres involucrados en la defensa de Corrientes, su captura aún no está del todo esclarecida.
No Fueron las Únicas
Aunque estas cinco mujeres son las más reconocidas, la investigación de Dardo Ramírez Braschi indica que hubo muchas más mujeres correntinas capturadas. Según un informe publicado en Nación Argentina el 2 de agosto de 1865, 24 mujeres originarias de Corrientes fueron raptadas y llevadas al Paraguay.
La Dureza del Cautiverio
Durante su cautiverio, las mujeres sufrieron condiciones extremadamente duras, fabricando su ropa y alimentándose con lo que conseguían, incluso llegando a comer naranjas agrias. Tras años de privaciones, el avance del ejército paraguayo obligó a su reubicación constante, lo que hizo que vivieran en la incertidumbre.
La Pérdida de Toribia
De las cinco cautivas, solo cuatro regresaron a Corrientes; Toribia de los Santos de Sosa murió durante el cautiverio, supuestamente tras contraer cólera en 1867. Sus compañeras debieron enterrarla con sus propias manos, cubriéndola con una de las prendas que habían hecho durante su tiempo en cautiverio.
El Juramento a la Virgen
Las cuatro mujeres, al sobrevivir, realizaron un pacto con la Virgen de La Merced, prometiendo no hablar de su experiencia hasta llegar ante ella. Este voto se convirtió en un aspecto misterioso de su historia, ya que después de cumplirlo, optaron por no compartir los detalles de su cautiverio.
El Regreso a Casa
El 5 de septiembre de 1869, las mujeres retornaron a Corrientes, pero su presentación fue desoladora; llegaban delgadas y cubiertas de harapos. Sin intercambiar palabra alguna, se dirigieron directamente a la iglesia para cumplir con su promesa.
El Silencio que Persistió
A pesar de regresar a sus familias, las preguntas sobre su cautiverio permanecen sin respuesta. La historiadora María Gabriela Quiñones resalta la dificultad de abordar este relato dentro del contexto de una sociedad polarizada en términos políticos, lo que arrojó sombras sobre el testimonio de las cautivas.
Memoria y Olvido
La historia de estas mujeres ha sido objeto de análisis en años recientes, con investigaciones que examinan no solo las experiencias individuales de las cautivas, sino también su simbolismo como representación de un sufrimiento más amplio en tiempos de guerra.
Una Conclusión Incompleta
Las Cautivas Corrientinas no solo fueron víctimas de sus circunstancias, sino que su experiencia colectiva ha desencadenado un debate sobre la memoria histórica. Con el monumento en el Parque Mitre como símbolo perdurable, aún queda una historia que exige ser revelada, no solo mediante la tradición oral, sino cómo su legado se entrelaza con la identidad de una provincia que busca reconciliar su pasado.



















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