Un cambio significativo en la historia de Mato Grosso
En Mato Grosso, Brasil, un estado que alberga más de 220.000 habitantes, la transición de una mera frontera agrícola a un modelo económico integrado ha transformado la región en una potencia agroindustrial. Mi primera visita a esta área data de 2003, cuando predominaba la imagen de tractores trabajando el terreno del Cerrado, preparando la tierra para cultivar soja, considerado el principal producto agrícola. Desde entonces, he regresado en varias ocasiones, ya sea brindando conferencias o acompañando a empresarios argentinos en su búsqueda de comprender la evolución de este sector.
Un modelo agrícola en evolución
A más de dos décadas de ese primer recorrido, la transformación es evidente. Aunque la motivación del productor brasileño se mantiene fuerte en cada decisión que toma, el sistema en su conjunto ha evolucionado hacia una estructura más compleja e integrada. Un cambio clave fue la introducción del maíz safrinha en rotación con la soja, que pasó de ser un cultivo secundario a ser uno de los pilares fundamentales de la agricultura estatal.
- La demanda interna ha crecido, impulsando la producción de cerdos y aves.
- Las plantas de etanol a partir de maíz han surgido, generando energía a partir de este grano.
Hoy, el maíz se integra no solo en el ámbito de las exportaciones, sino también en la alimentación animal y en la producción de energía, abriendo nuevos mercados.
La economía circular en acción
Uno de los desarrollos más destacados en Mato Grosso es el surgimiento de sistemas productivos integrados. Ejemplos como la empresa Mano Julio demuestran un enfoque en la economía circular, donde se busca minimizar el desperdicio. Este establecimiento combina la producción agrícola de soja, maíz y algodón con la ganadería, incluyendo aves, huevos, cerdos y ganado bovino.
La innovación radica en el tratamiento de residuos, utilizando efluentes de la producción porcina en una planta de biogás, donde se convierten en energía, y el excedente se vierte a la red eléctrica generando ingresos adicionales.
Crecimiento urbano y desafíos
El desarrollo agrícola ha trascendido al ámbito social, transformando la estructura urbana. Por ejemplo, la ciudad de Sinop, fundada hace solo 50 años, ha crecido sorprendentemente, alcanzando más de 220.000 habitantes, de los cuales cerca de 100.000 se han incorporado en la última década. Este crecimiento se atribuye a la inversión, oportunidades y una fuerte migración interna, todo impulsado por el avance agroindustrial.
No obstante, el sistema enfrenta varios retos: la elevada presión de plagas, enfermedades difíciles de controlar, y un contexto económico complicado, con márgenes de rentabilidad ajustados para la soja. Además, las tasas de interés superiores al 20% dificultan el financiamiento y algunas empresas lidian con la escasez de personal calificado.
Así, lo que se observa en Mato Grosso es que el progreso es fruto de una combinación de decisiones acertadas y un entorno propicio para la inversión. A medida que se perfilan cambios macroeconómicos en Argentina, surge una nueva oportunidad para que muchos empresarios agropecuarios capitalicen su potencial.
Un modelo a seguir
Mato Grosso se presenta como un ejemplo inspirador de cómo la agroindustria puede estimular el crecimiento económico, generando valor, empleo y desarrollo para toda una nación.


















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