Sociedad

La cuestión clave para ofrecer consejos de manera más efectiva

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Reflexiones sobre el arte de aconsejar

Desde muy pequeñas, mis hermanas menores han buscado mi opinión en diversas situaciones. Durante nuestra adolescencia, por ejemplo, acudían a mí para recibir orientación sobre citas románticas. En esos tiempos, mi experiencia era bastante limitada, lo que significaba que mis recomendaciones no estaban basadas en hechos concretos. Sin embargo, la claridad y seguridad con que las proporcionaba las hacían aceptables para ellas.

Con el paso de los años, mis hermanas ahora recurren a mí para asuntos más relacionados con la mediana edad, como decisiones profesionales o la compra de lentes para leer. No obstante, en ocasiones me excedo en mis intervenciones. Recientemente, mi hermana Dinah expresó su preocupación por los costos de la universidad de su hija. Sin pensarlo, sugerí soluciones a su problemática, a pesar de que parecía que solo deseaba compartir sus inquietudes, y yo no tengo hijos en esa etapa.

El impacto de los consejos no solicitados

Ofrecer consejos puede brindarte una sensación de poder, utilidad y generosidad. Sin embargo, la especialista en psicología clínica Alexandra Solomon advierte que los consejos no solicitados pueden ser más perjudiciales que beneficiosos. Según ella, “en su forma más simple, es una violación de los límites“. Esto implica que te has entrometido en un asunto sin haber sido invitado, lo que puede generar tensión.

Investigaciones muestran que, frecuentemente, los consejos que damos están influenciados por nuestras propias experiencias, y lo que consideramos útil podría no ser relevante para la otra persona, conforme señala Richard Larrick, profesor de la Escuela de Negocios Fuqua de la Universidad de Duke. Además, hay evidencias que sugieren que los consejos no solicitados pueden deteriorar las relaciones. En entornos laborales, tales intervenciones suelen ser vistas con escepticismo y, por ende, suelen ser ignoradas. En contraste, se ha hallado que los consejos solicitados son percibidos como más valiosos.

La pregunta que puede cambiarlo todo

Antes de ofrecer sugerencias, Solomon propone hacerse una pregunta esencial: “¿Quieres mi consejo?” Este enfoque, aunque sencillo, permite que el receptor se sienta más empoderado. Al decidir escuchar, el individuo, idealmente, está menos a la defensiva.

Consciente de esta dinámica, Solomon confiesa que a veces olvida este principio. La semana pasada, su hijo cambió el saludo de su buzón de voz y, sin pensarlo, ella le recomendó que lo grabara de nuevo, proporcionándole motivos para ello. Tras reflexionar, se dio cuenta de que había intercedido sin necesidad y pronto se disculpó.

Una técnica adicional para evitar dar consejos de forma automática es invertir la pregunta. En lugar de emitir recomendaciones, se puede plantear una lluvia de ideas sobre qué podría hacer la otra persona. Ahora, en vez de ordenar, les pregunto a mis hermanas si desean escuchar mi consejo. Aunque al principio reaccionan con duda debido a que están acostumbradas a recibir mis opiniones directas, en ocasiones, me sorprenden con un “no” entusiasta.

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