Un salto histórico en los Juegos Olímpicos de Invierno
En los Juegos Olímpicos de Invierno que se llevan a cabo en Milán, Ilia Malinin hizo historia al realizar un backflip, un salto mortal hacia atrás que había estado prohibido durante 50 años debido a su peligrosidad. A sus 21 años, el patinador estadounidense se convirtió en el primero en lograr este movimiento en una competición olímpica, dejando una huella imborrable en el evento.
Un momento que marcó el torneo
La ejecución de Malinin no solo desató admiración por su audacia, sino también por su precisión técnica. Este salto fue aterrizado con una sola cuchilla, manteniendo el equilibrio sin interrupciones en su presentación. Tras la competencia, un análisis técnico confirmó que su backflip fue calificado como limpio de acuerdo con el reglamento vigente, consolidando su reputación como uno de los patinadores más innovadores de su generación.
Un cambio histórico en las normativas
El backflip había sido prohibido por la Unión Internacional de Patinaje desde la década de 1970, cuando se consideró que el movimiento era excesivamente arriesgado y contrario a la esencia técnica del patinaje artístico. A lo largo de estas décadas, cualquier intento de realizarlo era penalizado severamente. Sin embargo, la ISU revisó su normativa en este ciclo olímpico, levantando la prohibición y permitiendo la técnica bajo ciertas condiciones, aunque sin valorar el salto adicionalmente.
Una figura disruptiva en el patinaje
Conocido como el “Dios del hielo”, Malinin ya había hecho historia al ser el primer patinador que ejecutó todos los saltos cuádruples reconocidos en competencias oficiales. Su utilización del backflip en un contexto olímpico reafirma su rol como una figura revolucionaria dentro del patinaje artístico moderno. A su joven edad, no solo acumula medallas, sino que también redefine los límites técnicos del deporte.
Un legado que perdurará
La actuación de Malinin en Milán-Cortina desató un debate sobre el futuro del patinaje artístico y la seguridad de los atletas. Sin duda, con este salto innovador, Malinin ha dejado una marca indeleble en la historia olímpica.




















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