Un adiós a Héctor Alterio
En la tranquilidad de sus últimos años, Héctor Alterio logró superar uno de sus mayores temores: la inestabilidad laboral, una preocupación que había acompañado a los artistas a lo largo de su vida. Su victoria fue inesperada, alcanzada a través de sus hijos, quienes compartieron reflexiones sobre su legado: “Papá nos enseñó que en esta carrera todo es fugaz y que nunca te la tenés que creer. Y también nos enseñó a disfrutar cuando hay trabajo y no angustiarse cuando no lo hay”, reveló Malena, su hija menor.
Un legado de amor y sabiduría
Alterio, quien se sintió liberado de sus temores en sus últimos días, pudo deleitarse con los logros constantes de sus dos hijos, que han labrado sus carreras en España, su patria adoptiva. A pesar de sus éxitos, mantuvo su conexión con el público, ratificando su vigencia como uno de los actores más aclamados en los círculos hispanohablantes. “Esta trascendencia sé que no les va a afectar en su vida y eso habla a su favor porque están llevando esta profesión con realismo, y eso me tranquiliza a mí y a mi mujer. Les queda mucho camino por recorrer”, añadió.
Un pasado de luchas
La vida de Alterio estuvo marcada por el exilio forzoso que sufrió a raíz de las amenazas que recibió durante la dictadura en Argentina. En septiembre de 1974, mientras se encontraba en España para el Festival de Cine de San Sebastián, comenzó a recibir notificaciones amenazantes de la Triple A, un grupo terrorista de derecha. Recibió su primer aviso en su hogar y, tras un llamado de su esposa, entendió que su familia debía unirse a él en un nuevo capítulo, aunque incierto.
El viaje del exilio
Aquel llamado a su hogar fue el inicio de una serie de desafíos que forzaron a Alterio a abandonar su Argentina natal, un lugar donde había comenzado su carrera con films como La tregua y La piel del amor. La amenaza de muerte lo obligó a adaptarse a una nueva vida en el extranjero, donde sufrió los estragos de la separación y la búsqueda de nuevos horizontes.
Reconocimiento y éxito en España
A pesar del difícil comienzo en España, Alterio encontró oportunidades. Gracias a la solidaridad de colegas como Miguel Gila y el productor Elías Querejeta, y su perseverancia, logró una carrera excepcional en el cine y teatro. Su trabajo en películas como Cría cuervos y Asignatura pendiente solidificaron su estatus en el medio, a lo que le siguieron numerosas colaboraciones en TV y teatro.
Un viaje interminable entre dos mundos
Alterio mantuvo siempre una conexión con su tierra natal, regresando a Argentina tras la restauración de la democracia en 1983. Su legado en películas como La historia oficial y colaboraciones con directores de renombre definieron su carrera, permitiéndole reconciliar su historia con su amor por la actuación. En sus últimos años, incluso durante la pandemia, continuó trabajando, dejando un legado profundo que resonará en generaciones futuras, recordando siempre que su arte era el resultado de “nada más que sudor y lágrimas”.



















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