Un trabajo impresionante desde las alturas
En las calles de Balvanera, los transeúntes se detienen a observar a un valiente hombre trabajando a más de 400 metros de altura. Brian Barco, de 32 años, es un experto en trabajos en altura que se coloca un arnés y un balde con herramientas mientras realiza su labor. Su empresa, llamada “Vértigo zero”, simboliza no solo el nombre del negocio, sino también la condición esencial para llevar a cabo su apasionante pero riesgosa actividad.
Una trayectoria desde sus inicios
La historia de Barco comenzó a los 15 años cuando, mientras buscaba trabajo, se unió a un grupo de trabajadores. Aunque lo inicial fue un puesto de ayudante en el suelo, su curiosidad lo llevó a desafiarse y experimentar las alturas. “Cuando llegue, estaban todos preocupados por mí, pero al final me felicitaron por atreverme”, recuerda. Con el tiempo, se convirtió en un experto subiendo a las cuerdas a diario.
Un viaje a Estados Unidos lleno de logros
El deseo de crecer lo llevó a mudarse a Buenos Aires, donde trabajó en la restauración de la Torre Alvear. Posteriormente, se aventuró a Estados Unidos, donde pasó seis años y medio en Nueva Jersey y Queens, Nueva York. Allí se capacitó y logró la certificación internacional, la cual le es útil también en su trabajo actual en Argentina. “Entré a Estados Unidos con visa. Fui a buscar oportunidades. Es un gran país”, afirma.
Desafiando el Empire State
Entre sus hazañas más impresionantes se encuentra su trabajo en la antena del Empire State Building. Bajo condiciones invernales extremas y nocturnas, tuvo que hacer mantenimiento en la antena. “Subíamos a las 10 de la noche y debíamos bajar antes de las 5 de la mañana, porque la antena necesitaba estar apagada para evitar riesgos”, relata Barco, mientras recuerda el frío severo que enfrentó durante esas jornadas.
Más que solo trabajo
Además de su trabajo en el Empire State, Barco ha participado en la restauración de la World Diamond Tower en el distrito de los diamantes, un lugar lleno de gárgolas, lo que le provocó una sensación extraña debido a la atmósfera del lugar. Su certificación SPRAT Nivel 3 lo convierte en un experto en inspección y restauración de fachadas, además de realizar trabajos de hidrolavado, limpieza y pintura, instalaciones de sistema de aire acondicionado y colocación de redes para palomas.
Reflexiones sobre su carrera
Barco regresó a Buenos Aires en octubre del año pasado y, aunque está abierto a nuevas oportunidades en el exterior, valora el tiempo en familia y la cultura local. Recuerda felices momentos al montar carteles publicitarios en los estadios de Monumental y La Bombonera. Sin embargo, siempre toma precauciones en su trabajo: “Siempre cierro las puertas de la terraza para evitar que alguien dañe las cuerdas”. La seguridad es clave, y hace hincapié en la importancia de mantener la mente clara.
El futuro de los silleteros argentinos
Barco, actualmente residenciado en San Telmo, cree en el potencial de los trabajadores argentinos en el ámbito de las alturas. Con un costo elevado de miles de dólares por capacitación, observó que a pesar de las dificultades, los silleteros en Argentina pueden competir al más alto nivel. “No tenemos nada que envidiar a otros países en la estructura de trabajo”, concluye con optimismo.


















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