La rabia, un peligro persistente para la salud pública
La rabia se mantiene como una seria amenaza global, causando aproximadamente 60,000 muertes al año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aunque esta enfermedad es 100% prevenible mediante vacunación, su tasa de letalidad se eleva al 99% una vez que se manifiestan los síntomas, afectando tanto a personas como a animales.
Herramientas de prevención
La vacunación anual de mascotas, especialmente perros y gatos, es la principal estrategia para controlar la rabia y actúa como una barrera crucial para evitar la transmisión del virus a humanos. Desde Biogénesis Bagó, un laboratorio enfocado en la salud animal, enfatizan que “vacunar a las mascotas no solo las protege, sino que también funciona como un escudo para la salud humana”.
El veterinario Juan Enrique Romero subraya que “la rabia mata y no tiene cura. Una vez que aparecen los síntomas, no hay oportunidad de tratamiento”. En caso de mordedura, se aconseja lavar la herida con agua y jabón de inmediato y visitar un centro de salud.
Avances en la erradicación en América Latina
Desde la instauración del Programa Regional de Eliminación de la Rabia de la OPS, América Latina ha visto una disminución de más del 98% en los casos de rabia humana transmitidos por perros desde 1983. Países como Argentina, México, Chile y Costa Rica han mostrado progresos significativos, aunque todavía existen focos de rabia en Bolivia, Haití, Cuba, República Dominicana y Venezuela.
En España, donde se declaró libre de rabia en 1978, los casos son raros y en su mayoría importados. Desde el año 2000 hasta 2024, solo se han notificado dos casos humanos provenientes de Marruecos. A pesar de esto, las autoridades mantienen un sistema de vigilancia activo y campañas preventivas para los viajeros.
Mecanismos de transmisión y síntomas
El virus de la rabia, clasificado dentro del género Lyssavirus, se propaga principalmente a través de mordeduras de animales infectados, siendo los perros responsables del 99% de los contagios en humanos. En América Latina, los murciélagos también representan un vector considerable. Tras la exposición al virus, este puede tardar entre 2 y 12 meses en manifestarse. Los síntomas iniciales incluyen fiebre, dolor en la herida y alteraciones neurológicas. Una vez que se presentan, la enfermedad se vuelve irreversible y casi siempre resulta en la muerte.
Objetivos para 2030 y estrategias de prevención
La OMS y la OPS han establecido una meta ambiciosa: alcanzar cero muertes humanas por rabia para el año 2030. Para lograrlo, es crucial seguir estas recomendaciones:
- Vacunar anualmente a perros y gatos desde los tres meses de edad.
- Lavar las heridas inmediatamente tras mordeduras y buscar atención médica.
- Observar o aislar al animal que ha agredido.
- Evitar el contacto directo con murciélagos y otros animales salvajes.
Además, la educación pública y el acceso universal a las vacunas son fundamentales. Iniciativas como la colaboración de Biogénesis Bagó con el Instituto Tecnológico de Paraná en Brasil buscan asegurar la producción masiva de vacunas antirrábicas y mantener campañas de inmunización.
Es esencial mantener la conciencia social sobre la rabia y la vigilancia constante, incluso en zonas donde se ha erradicado la enfermedad, ya que los casos importados continúan representando un riesgo. La combinación de prevención, colaboración científica y educación en salud es clave para eliminar definitivamente esta de las zoonosis más antiguas y mortales.


















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