Clarisa Huber: una pionera en el fútbol femenino argentino
Clarisa Huber se destaca como la única mujer entrenadora en el equipo de selecciones femeninas de Argentina. Actualmente, se encuentra al mando de la Sub 15 y asiste a Christian Meloni en la Sub 17. A sus 40 años, su trayectoria es notable: se retiró como futbolista en Boca Juniors, donde también dirigió las categorías Sub 12 y Sub 14 del club. En enero de este año, asumió su puesto actual, marcando un hito en el desarrollo del fútbol femenino en el país.
Un proyecto formativo innovador
El enfoque de Huber en la formación de jugadoras es una novedad dentro del ámbito femenino del deporte. Proveniente de Tandil, Huber ha sido parte de un reciente éxito donde la selección Sub 15 quedó en segundo lugar en la primera Liga Evolución Sub 15, que se celebró en octubre en Paraguay, un torneo que reunió a destacadas selecciones juveniles de Sudamérica.
En cuanto a su trabajo, Huber explica: “Charlamos con los coordinadores de los clubes, que observan a las jugadoras y nos dicen quiénes merecen ser vistas. Luego, se evalúa la situación en la cancha para determinar si encajan en nuestro sistema”. La identificación de talentos es parte fundamental de su labor.
El desafío del nivel competitivo
Huber ha enfrentado el reto de tener una visión federal en una categoría que, en su mayoría, está compuesta por equipos de Buenos Aires. “En el torneo de AFA se reúnen muchas chicas del interior del país, aunque el nivel varía”, explica. Además, reconoce que la falta de acceso a entrenamientos y recursos en el interior contribuye a una distancia en el rendimiento entre las jugadoras de distintas regiones.
En su carrera futbolística, Huber experimentó una transición distinta en comparación con las actuales generaciones de jugadoras. Asegura: “Ahora hay más competencia, y si juegas, es porque lo has ganado. Antes, a veces solo se jugaba por ser la única en la posición”, reflexiona.
De exjugadora a entrenadora
Huber, quien creció jugando al fútbol con sus hermanos y primos, ha acumulado una rica experiencia. Durante su carrera en Boca, ganó cinco títulos y tuvo una etapa en Zaragoza, España. Ha representado a la selección nacional en dos mundiales: Estados Unidos 2003 y China 2007, además de ser parte del equipo que ganó la única Copa América en la que no se coronó Brasil, concretamente en 2006, en Mar del Plata.
Un dato que Huber destaca es que, a pesar de dejar el campo como jugadora, no le ha costado adaptarse a su nuevo rol. “No se deja de ser futbolista nunca, pero hay que cerrar ciclos para abrir espacio a nuevas oportunidades”, menciona. A pesar de que ahora se encuentra en el campo de juego con sus jugadoras, ya no lanza desmarques, pues cuando no trabaja, se dedica a jugar al pádel. Su formación como kinesióloga y profesora de Educación Física complementa su compromiso con el deporte.
La importancia del conocimiento histórico
“Quiero que las chicas comprendan de dónde venimos y lo que hemos conseguido”, expresa Huber. Recuerda momentos difíciles: “Yo en la selección he hecho la siesta en una colchoneta. Así se vivía el fútbol femenino antes. Hoy, estamos en un lugar diferente, y eso merece ser destacado”. La evolución del fútbol femenino es notoria, y Huber es un pilar en este proceso.
La entrenadora observa con esperanza el futuro de las futbolistas juveniles y las iniciativas actuales. “Las Sub 15 ahora pueden quedarse a dormir en el predio, lo que antes era impensable. Debemos seguir adelante.” Aboga también por la posibilidad de establecer un torneo mixto en categorías formativas para fomentar el respeto, la ayuda mutua y la equidad entre chicos y chicas, aunque reconoce que existen desafíos derivados de la estructura comercial actual del fútbol.
Un enfoque humano en el entrenamiento
En su comunicación con otros entrenadores, como Diego Placente, Huber ha implementado técnicas de relajación como meditaciones para las jugadoras, buscando reducir su exposición a las pantallas y asegurándose de que mantengan el cuidado personal. Además, trabaja en conjunto con las familias de las jugadoras, apoyando su desarrollo y ayudando a mitigar la presión que sienten los jóvenes talentos sobre el futuro de sus familias.
“Debemos permitir que cada jugadora se descubra a sí misma en el proceso. Esto puede ser complicado”, concluye Huber, reflexionando sobre la importancia de su rol en la construcción del futuro del fútbol femenino argentino.




















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