Condena a un líder religioso
El pastor evangélico Carlos Alberto Robledo ha sido condenado a 15 años de prisión tras ser hallado culpable de 166 casos de abuso sexual. La sentencia fue emitida por la Justicia de Morón después de que el acusado aceptara someterse a un juicio abreviado. Entre las víctimas, se encontraban también menores de edad.
Detalles del caso
La investigación inició en junio de 2024, cuando trece fieles denunciaron haber sido víctimas de abusos por parte de Robledo, quien dirigía un templo denominado Ministerio de la Salvación en Villa Tesei, ubicado en la calle Malarredo al 100. Marisa Monti, titular de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N° 5 de Morón, asumió el caso y habilitó varios canales para que otras posibles víctimas denunciaran sus experiencias, resultando en un total de 166 denunciantes.
La sentencia
El Tribunal Oral Criminal N° 3, presidido por el juez Federico Topino, llevó a cabo el juicio tras recopilar pruebas contundentes y testimonios de las víctimas. La condena incluyó los delitos de abuso sexual simple en 25 ocasiones y abuso sexual gravemente ultrajante y abuso sexual con acceso carnal en 141 hechos, todos agravados por su condición de ministro religioso. También se sumó un cargo por corrupción de menores.
Tácticas de manipulación
- El pastor manipulaba a sus víctimas jugando con su fe.
- Empleaba amenazas para someterlas.
- Argumentos religiosos eran utilizados para justificar sus abusos.
Según un testimonio, convencía a una mujer de que tenía una maldición que le impedía tener erecciones, lo que derivó en abuso sexual. En otro caso, un rechazo a solicitudes sexuales fue seguido de amenazas sobre la salud espiritual de la víctima, quienes temían que si no se sometían a sus exigencias, nunca alcanzarían la libertad espiritual.
Abusos a menores
La violencia y amenazas de Robledo también se evidenciaron en el testimonio de una joven de 13 años que fue intimidad por el pastor, quien la amenazó con matarla si denunciaba los abusos. La manipulación emocional y psicológica fue una constante en el accionar del condenado.


















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