Una partida significativa en la alta sociedad
El pasado jueves, se apagó una de las luces más discretas y elegantes de la alta sociedad argentina. Susana Etchegoyen Elía de Reta falleció a los 99 años, rodeada de recuerdos, anécdotas y afectos que marcaron profundamente a quienes compartieron su camino, entre ellos, su entrañable amiga Mirtha Legrand.
Su nombre resuena con fuerza en los círculos más selectos de Buenos Aires y Punta del Este. Aquellos que la conocieron solían describirla como una dama de otra época, una embajadora involuntaria de un estilo de vida donde la elegancia era su virtud más notable.
Un té cargado de emociones
El domingo posterior a su fallecimiento fue, sin lugar a dudas, diferente. La periodista Teté Coustarot compartió en sus redes sociales: “Encuentro en el té muy emotivo recordando a Susana Reta,” acompañado de una imagen que capturó al grupo presente, aunque con la notable ausencia de Susana. Por primera vez, esa mesa adornada con esmero y cariño no contaba con la risa y la mirada cómplice de ella, pero era evidente que todos la recordaban. La ceremonia del té se convirtió en un homenaje casi espontáneo, lleno de recuerdos, confidencias y silencios.
El círculo presente era pequeño, exclusivo y cálido. Mirtha, quien suele ser la anfitriona de esos domingos entrañables, inauguró su programa el sábado por la noche con emotivas palabras que nacieron del corazón: “Quiero tener un recuerdo para mi amiga Susana Reta, que se nos fue esta semana, una amiga de toda la vida, 50 años, donde estés te mando este beso, Susana,” manifestó mientras lanzaba un gesto al aire, un símbolo de gratitud y cariño.
Un legado de distinción
Susana Reta, como era conocida en su círculo más cercano, encarnaba la elegancia sin esfuerzo. Nadie olvida su presencia en las veladas benéficas y en las cenas de gala del Buenos Aires de antaño, así como en los veranos de glamour en Punta del Este, donde, copa en mano, establecía tendencias como los conjuntos Pucci, que introdujo en Argentina con naturalidad y distinción. Fue recordada como una de las mujeres más elegantes del país, a menudo confundida con Coca Calabró, lo que ella recibía con alegría.
Un legado intangible de amistad, arte de conversación y estilo es lo que dejó. Muy amiga del diseñador Gino Bogani, Susana estuvo casada con el empresario Cocó Reta, con quien compartió su vida hasta que la muerte los separó. Sin hijos, halló en sus sobrinos una continuación de afectos sinceros. Estos fueron quienes organizaron una misa en su memoria, que tuvo lugar el jueves a las 19:30 en el barrio de Recoleta. Teté Coustarot, distante por viaje, ofreció su homenaje desde la virtualidad, añadiendo su voz al duelo colectivo y a la celebración compartida.
Su influencia perdura
Las historias de Susana circulan en los corrillos de la sociedad, como hilos de seda que conectan generaciones. Se encargaba de animar reuniones benéficas, asistía puntualmente a los cumpleaños de Chiquita, organizaba encuentros y compartía tertulias donde el tiempo parecía detenerse. Aquellos que la conocían destacaban que era una dama sin dobleces, fiel amiga, siempre un paso adelante en tendencias, pero carente de ostentación.
Mirtha Legrand, una testigo y protagonista de la cultura nacional, renovó esa tradición cuando, hace un par de años, regresó a organizar esos tés dominicales con energía renovada tras colocarse un marcapasos. Espléndida y vital, congregó a su círculo más cercano para celebrar no solo la vida, sino también su recuperación, en el clásico departamento de la Avenida Libertador. Entre los presentes se encontraban su hija Marcela Tinayre y figuras entrañables como Teté Coustarot, Héctor Vidal Rivas, Alejandro Veroutis, Gino Bogani, Martín Cabrales, María Teresa Villaroel, Amalia Idoyaga Molinay y Alfredo Corti, además, por supuesto, de la recordada Susana Reta.
Quedan las imágenes, esas fotos que todos comparten en redes y que se quedan grabadas en la memoria. Una mesa larga, tazas de porcelana, pasteles al centro, miradas divertidas y la certeza de que los días compartidos son valiosos. “¡Estamos festejando con Chiquita su presente fantástico y su recuperación al quinto día de la colocación del marcapasos!” celebraba Teté en ese momento, con Mirtha superando todo obstáculo, rodeada de amigos que son su familia elegida.
De eso se trata la vida, parece señalar: cuidar los rituales, mantener las relaciones y honrar a quienes han hecho de la amistad un arte cotidiano. La huella de Susana Reta perdura en los relatos de Mirtha y Teté, en la complicidad de un grupo que resiste a través del tiempo y de las ausencias.


















Comments