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El auge del sueño y sus retos

La preocupación por la calidad del sueño ha alcanzado un nuevo nivel en la sociedad actual. Muchas personas se encuentran compitiendo para lograr más minutos en sueño profundo o REM, mientras que otros discuten por el mejor dispositivo que promete medir su calidad de sueño. Sin embargo, esta obsesión por el sueño perfecto ha traído consigo problemas como la ortosomnia, un insomnio provocado por la angustia de no dormir bien. De hecho, se estima que cerca del 40% de la población no logra descansar adecuadamente.

A medida que las personas envejecen, la dificultad para dormir se vuelve más común: un 15% de los mayores de 65 años tienen problemas para conciliar el sueño, 20% luchan por mantenerse dormidos y 35% se despiertan demasiado pronto. Un indicativo de la falta de un descanso reparador es que si alguien se duerme en menos de cinco minutos, esto puede señalar un déficit crónico de sueño, ya que lo habitual es tardar entre 10 y 15 minutos.

Consecuencias del insomnio

El insomnio no solo se mide por las horas sin dormir, sino por la somnolencia diurna que afecta la calidad de vida. Puede ser parte de procesos naturales como el duelo, donde el uso de medicación hipnótica no suele ser recomendable, dado que interfiere en el proceso de elaboración emocional. Además, puede relacionarse con enfermedades psiquiátricas, traumas, condiciones neurodegenerativas como Parkinson o Alzheimer, hipotiroidismo y desequilibrios nutricionales.

Los seres humanos, que pasan alrededor de un tercio de su vida durmiendo, invierten este tiempo vital en la recuperación de la salud física y mental. Lejos de ser una pérdida de tiempo, el sueño sostiene funciones esenciales como la memoria, la salud cardiovascular y el sistema inmunológico.

Ciclos del sueño y sus beneficios

Es importante entender que el sueño no es uniforme, sino una serie de ciclos que se repiten durante la noche. Cada ciclo dura entre 90 y 120 minutos y se compone de:

  • Sueño ligero – las dos primeras etapas, donde el cuerpo comienza a relajarse.
  • Sueño profundo – la tercera fase, crucial para la liberación de hormona del crecimiento que fortalece músculos y huesos.
  • Fase REM – la cuarta fase, donde los sueños ocurren y el cerebro procesa memorias y emociones.

Investigaciones recientes destacan que un sueño REM insuficiente puede predecir un mayor riesgo de demencia en personas mayores de 60 años.

El impacto de la falta de sueño

Desafortunadamente, después de los 40 años, muchas personas han perdido hasta el 60% del sueño profundo que tenían en la adolescencia, y esta pérdida se incrementa al 90% para los que tienen 70 años. Esta disminución está vinculada a la acumulación de proteínas tóxicas, como beta-amiloide, relacionadas con el Alzheimer. Un estudio ha demostrado que dormir poco puede reducir la retención de información a la mitad comparado con aquellos que dormían bien.

El análisis del UK Biobank, que involucró a más de 500.000 personas, concluyó que lo ideal es dormir alrededor de siete horas por noche para disminuir el riesgo de demencia y enfermedades cardiovasculares.

Factores que afectan el sueño

Es crucial mantener horarios de sueño regulares. Aquellos que se adhieren a un horario, incluso los fines de semana, tienen menor riesgo de muerte por cualquier causa. La inconsistencia en el horario puede aumentar el riesgo de depresión. Un estudio en jóvenes mostró que el aumento de marcadores de inflamación se asocia a dormir pocas horas.

Consejos prácticos para mejorar el sueño

Existen varios factores que pueden contribuir al insomnio, como el estrés, enfermedades y el ambiente donde se duerme. Evitar sustancias como cafeína y alcohol en la noche, mantener una rutina de horarios y la exposición a la luz solar al despertar son algunas recomendaciones.

Por otro lado, los alimentos que pueden mejorar el sueño incluyen vegetales, frutas, cereales integrales y frutos secos. Si bien el alcohol puede inducir al sueño inicialmente, también puede causar insomnio posteriormente.

Finalmente, se están explorando nuevas tecnologías como la estimulación eléctrica transcraneal para mejorar la calidad del sueño. La calidad del sueño también se ve influenciada por la cantidad de tiempo efectivo dormido, que debería superar el 85%.

La importancia del sueño para la salud

El sueño es fundamental para mantener la salud física, mental y emocional. Invertir en un buen descanso no solo previene enfermedades, sino que también mejora la calidad de vida en general. Es una necesidad biológica esencial comparable a la alimentación y el hidratación. Sin embargo, a menudo lo descuidamos, tratando el sueño como si fuera opcional.

Además, la apnea del sueño, un trastorno común en personas obesas, también aumenta el riesgo cardiovascular y deteriora la memoria. Es crucial diagnosticarlo y tratarlo adecuadamente para mejorar la calidad de vida de quienes lo padecen.

En resumen, cuidar del sueño es una prioridad que todos debemos considerar para asegurar nuestra salud y bienestar a largo plazo.

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