Operativo de seguridad de gran magnitud
En un operativo que ha sido calificado por las autoridades como un “operativo de guerra”, las fuerzas de seguridad de Río de Janeiro, Brasil, han desplegado a 2500 uniformados de la Policía Civil y de la Policía Militar para enfrentar a la banda narcotraficante Comando Vermelho (CV). Este enfrentamiento ha desatado un clamor público entre los habitantes de la región, quienes han expresado su indignación con gritos de “¡Es un genocidio!” en respuesta a la situación crítica.
Consecuencias devastadoras del conflicto
Hasta el momento, se reporta que al menos 119 personas han perdido la vida, según cifras oficiales. El Comando Vermelho, que surgió en los años 70 en una prisión durante la dictadura militar brasileña, ha evolucionado para convertirse en una amenaza tanto a nivel nacional como transnacional. El megaoperativo incluyó el uso de drones artillados por parte de las fuerzas del orden, mientras que el CV respondió con armamento militar para contrarrestar su avance.
Las zonas más afectadas fueron los complejos de favelas Penha y Alemão, donde el fuego se intensificó, generando una situación de estado de sitio y parálisis social en todo el estado de Río de Janeiro. Las calles quedaron diezmadas, cubiertas de cadáveres, dejando imágenes desgarradoras de cuerpos envueltos en bolsas de plástico y trozos de tela.
Situación crítica y declaraciones del cónsul argentino
Según reportes del medio brasileño O Globo, los cuerpos fueron recuperados de la zona de Vacaria, en Serra da Misericórdia, donde se produjeron los enfrentamientos más intensos. En una conversación exclusiva con LN+, Jorge Perren, el cónsul argentino en Río de Janeiro, calificó la situación como “una carnicería”, advirtiendo que el número de muertos podría superar las 160 personas. Perren aseguró que no hay argentinos involucrados ni como turistas ni como residentes en esta violenta confrontación.
Además, brindó un contexto acerca de la magnitud del problema, señalando que Río es una ciudad con aproximadamente 15 millones de habitantes, lo que dificulta la comprensión de la gravedad de la situación desde una perspectiva argentina. Perren concluyó lamentando que muchos de los fallecidos son menores de edad.


















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