Un estreno conmovedor en la capital argentina
El acontecimiento cotidiano de un automóvil averiado en una carretera de Irán da inicio a una de las narrativas más emotivas del año: Un simple accidente. El vehículo, que avanza con dificultades, se detiene frente a un negocio, donde el conductor solicita ayuda. Su única intención es regresar a casa junto a su esposa embarazada y su pequeña hija. Sin embargo, dentro del establecimiento se encuentra alguien que sospecha reconocer al futuro padre de dos hijos debido a un acontecimiento de su vida anterior.
Convencido de que se enfrenta al mismo agente de inteligencia que lo sometió a torturas durante su encarcelamiento, decide que ha llegado el momento de llevar a cabo su venganza.
Un relato de angustia y redención
Escrita y dirigida por Jafar Panahi, Un simple accidente se presenta como una obra oscura y, al mismo tiempo, mordazmente divertida, explorando temas existenciales y la condición humana. Mediante este filme, Panahi aborda las secuelas de la violencia estatal y plantea la pregunta de si el perdón es una opción viable. Cabe destacar que la cinta, hablada en farsi con subtítulos, representa un acto de desafío, dado que Panahi ha sido encarcelado por su labor cinematográfica y actualmente no tiene permiso para realizar películas en su país, rehusándose a someter sus guiones a la aprobación gubernamental.
El personaje principal, Vahid, interpretado por Vahid Mobasseri, asocia con horror la entrada de su antiguo torturador en su vida una vez más. Aunque estuvo vendado durante su tiempo en prisión, Vahid identifica el característico chirrido de la pierna protésica de su interrogador. Impulsivamente, secuestra al hombre, lo transporta a un desierto en una furgoneta y comienza a enterrarlo.
Preguntas sobre la justicia y la venganza
Sin embargo, la duda asalta a Vahid: ¿realmente está seguro de la identidad de su prisionero? El hombre en la tumba superficial afirme que no es un torturador y alerta sobre un posible error. Vahid decide llevarlo de vuelta a la ciudad para que un grupo de ex prisioneros verifique su identidad. Confiesa su vacilación: “Tengo una duda”.
A medida que la narrativa avanza, se revela un mundo de ex reclusos que, tras sufrir torturas, intentan reintegrarse a una vida normal, algunos de los cuales perdieron años solo por intentar reclamar sus salarios gubernamentales. Muchos de ellos vivieron experiencias traumáticas, como ser interrogados o amenazados de diversas maneras, y uno de ellos se autodenomina un “zombi, uno de los muertos vivientes”.
- La angustia existencial se manifiesta en las dudas de Vahid y sus compañeros. ¿Cómo pueden estar seguros de la identificación?
- Discuten sobre la posibilidad del perdón y la naturaleza de la justicia: “No somos asesinos. No somos como ellos”, defendiendo su humanidad ante su adversidad.
- A medida que se sumergen en un viejo conflicto, la atmósfera se torna tensa, subrayando la guerra interna que enfrentan.
Referencias a Esperando a Godot de Samuel Beckett salpican la película mientras los ex prisioneros mantienen discusiones filosóficas en un limbo entre la vida y la muerte, mientras el prisionero es trasladado por la ciudad durante un largo día. Un elemento surrealista se añade con la aparición de Pakbaten, quien interpreta a una novia renuente que, vestida de blanco, acompaña a su prometido en el viaje y ofrece un toque de humor en medio de una situación dramática.
En medio de la agonía de decidir si acabar con la vida de su antiguo torturador o actuar con la humanidad que él no les mostró, surge una inesperada emergencia en la casa del captor, lo que lleva a este grupo de personajes rotos y enojados a ayudar, demostrando una extraordinaria bondad dadas las circunstancias.
Un testimonio del Irán actual
Jafar Panahi sitúa su relato en el contexto real y cotidiano del Irán moderno, lleno de ruidos, bocinas y la desesperación de quienes buscan sobrevivir en un sistema roto. La historia revela a personas pidiendo limosnas en cada rincón, desde guardias hasta músicos callejeros, reflejando la lucha diaria por la dignidad.
Este filme, que ha recibido la Palma de Oro en el Festival de Cannes, ha sido seleccionado por Francia como su candidata a los Oscars. No es casualidad: visionarlo deja una huella profunda en la mente. Aunque es especialmente relevante para los iraníes, su mensaje es significativo para cualquier sociedad que anhele sanar las divisiones internas.




















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