Conflictos cruzados en las empresas familiares
Las empresas familiares combinan aspectos entrañables y salvajes. Representan un hogar y una trinchera, un lugar donde se celebran asados dominicales pero también se libra una guerra silenciosa por el control del Excel. Para comprender tanto lo positivo como lo negativo de estas organizaciones, no es necesario recurrir a textos especializados de gestión; basta con observar El Padrino, la famosa película de Francis Ford Coppola protagonizada por Marlon Brando y Al Pacino.
El patriarca y su legado
Vito Corleone, el patriarca ideal, encarna al fundador que, mediante estrategia y alianzas, asciende desde abajo sin necesidad de un MBA. Su deseo es claro: hacer crecer su negocio y mantenerlo dentro de la familia. Sin embargo, estas dos aspiraciones no siempre coinciden, lo que genera un dilema común en muchas pequeñas y medianas empresas (pymes): como en el caso de los Corleone, la transición del “Don” al “nosotros” puede ser tumultuosa.
Vito, quien se siente poseedor de todo el conocimiento y poder, no desea que sus hijos lo sucedan, sino que lo reemplacen tal cual es, pero con menos arrugas. Esta expectativa se convierte en la fuerza que, al mismo tiempo, lo condena.
La segunda generación y sus desafíos
Las empresas familiares muchas veces sufren el conflicto entre la admiración hacia el fundador y el miedo a alterar lo que ha funcionado históricamente. La figura del fundador es considerada casi mística, con su retrato en la pared rodeado de balances y recuerdos sagrados. Sin embargo, esta devoción puede ser perjudicial si no se acompaña de un plan sólido para la sucesión y la profesionalización, arrastrando a la empresa hacia un destino oscuro.
- Los hijos representan la segunda generación, con la carga de la herencia.
- Personajes como Sonny, el impulsivo, y Michael, el brillante pero reticente, ejemplifican diferentes estilos de liderazgo.
- La transición generacional no es solo un cambio superficial, es una operación delicada que, si se realiza incorrectamente, puede llevar a la quiebra.
La incorporación de profesionales externos
Uno de los temas delicados es la llegada de profesionales ajenos a la familia, quienes pueden ofrecer nuevas ideas y experiencia. Para muchos fundadores, su presencia es un mal necesario; para los hijos, una amenaza; y para el resto de la familia, una intrusión al no comprender la “mística” organizacional. La profesionalización de la empresa implica realizar cambios difíciles, como establecer roles definidos y procesar decisiones que tradicionalmente eran informales.
A pesar de los estereotipos, las empresas familiares poseen un potencial inmenso: son resilientes, comprometidas y tienen un propósito que va más allá de la mera rentabilidad. Sin embargo, es crucial entender que el afecto y la confianza no substituyen una buena gestión y control.
Una tragedia familiar
Al final, la historia de los Corleone ilustra una tragedia donde el deseo del patriarca por una empresa fuerte y una familia unida se transforma en una pesadilla. Aunque el negocio crece, se aleja de los valores originales, llevando a la desintegración familiar y a la frialdad de las relaciones. Michael, quien termina dirigiendo un imperio desalmado, logra profesionalizar la organización, pero a un costo elevado.
La enseñanza no es que las empresas familiares estén destinadas a fracasar. Por el contrario, pueden ser poderosas y humanas. La clave radica en discutir abiertamente sobre poder, herencia, egos y conflictos que normalmente se ignoran. Es fundamental tratar a la familia como un activo que requiere cuidado y regulación.
Una de las preguntas centrales es: ¿qué tipo de legado queremos dejar? ¿Un imperio temido o una empresa que inspire futuro? El Padrino no es solo una historia de mafiosos; es un tratado de gestión que nos recuerda que si no separamos los afectos de las decisiones, podríamos terminar dañando a quienes más amamos. Y eso, claro, rara vez se menciona en una reunión de accionistas.
PD: Cualquier similitud con una pyme real es pura coincidencia.


















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