Un viaje transformador tras una tragedia
Lorena del Pardo, de 35 años, se encuentra en su furgoneta estacionada en Mallorca, España. Con una voz calmada y una risa espontánea, comparte su historia de superación y aventura. Nacida en San Pedro, Buenos Aires, recuerda cómo su vida cambió radicalmente después de perder a su novio en un trágico accidente de wingsuit, un deporte extremo en el que se salta desde montañas con un traje especial. “Él volaba mientras yo lo esperaba en la pista de aterrizaje”, relata, con nostalgia.
La decisión de recorrer el mundo
Hace aproximadamente diez años, Lorena se encontraba en una encrucijada común a muchos jóvenes: ¿debería ahorrar para alquilar un lugar o gastarse ese dinero en un viaje? Elegir viajar a Brasil fue su decisión, marcando el inicio de una nueva etapa. “Fue la primera vez que me lancé a la aventura”, confiesa, y dos años y medio después, regresó con experiencias que cambiaron su forma de ver la vida.
Enfrentando el duelo a través de la bicicleta
Tras la muerte de su pareja, Lorena se preguntó qué hacer con el amor que sentía. “¿Qué hago con todo el amor que tenía para darle?”, recordando su dolor. Al principio encontró consuelo en andar en bicicleta, un medio de transporte que no dominaba. “Era un desastre”, admite, pero la bicicleta se convirtió en una herramienta de sanación.
El sueño africano
Con la determinación de ayudar, viajó a África, aunque su plan inicial se transformó al no recibir respuestas de las organizaciones no gubernamentales a las que contactó. “El viaje terminó siendo otra cosa”, reflexiona. Planeó su ruta y salió desde Nairobi, Kenia, con una bicicleta de 18 kilos y un equipaje de casi 50 kilos.
- Su equipo incluía carpa, utensilios de cocina y pastillas potabilizadoras.
- El primer impacto cultural fue ver cebras en la calle y escuchar la frase “Hakuna matata”, significando “no hay problema” en suajili.
Durante los seis meses de su aventura, Lorena visitó nueve países distintos, entre ellos Uganda y Sudáfrica, enfrentándose a desafíos tanto físicos como emocionales. También se llevó sorpresas, como un malentendido sobre un hombre que supuestamente vendía hojas de laurel y resultaron ser ratas a la parrilla.
Reflexiones de un viaje inolvidable
La ciclista experimentó contrastes culturales profundos, como la relación entre hombres y mujeres en Uganda, así como la amabilidad de las comunidades. Sin embargo, también se enfrentó a la pobreza extrema, lo que la llevó a reflexionar sobre su privilegio al regresar a casa. “Yo podía escapar; ellos no”, reconoce Lorena en su análisis de esta dura realidad.
Después de enfrentarse a calor extremo y desafíos físicos en el desierto de Namibia, expresó su frustración al no poder continuar. Cada día, a pesar de los obstáculos, comenzaba a pedalear a las 6:30 a.m. y decidía su itinerario basado en cómo se sentía. Además, aprendió diferentes formas de comunicación, como el significado positivo de musungu, un término para referirse a los extranjeros.
El cierre de una experiencia y una nueva historia por contar
Al final de su travesía, cuando se terminó la yerba mate en Ciudad del Cabo, Lorena reflexionó sobre lo vivido. Hasta la fecha, ha recorrido un total de 28 países en bicicleta, aunque sueña con explorar su Argentina natal. En este momento, se encuentra escribiendo un libro sobre su experiencia y aconseja a quienes desean hacer algo similar: “Que vayan. Que no piensen tanto en lo peligroso. Que vayan abiertos, con respeto, con cuidado”. Su viaje, aunque buscaba ayudar, se convirtió en un proceso de autodescubrimiento, donde la filosofía de hakuna matata se transformó en un símbolo de su nueva vida.



















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