El fenómeno del temblor
En una época en la que las noticias se difundían de manera oral, el 19 de octubre de 1846 a las 4 de la tarde, un notable acontecimiento sísmico captó la atención de la población de la Villa de Luján. El médico Francisco Javier Muñiz, reconocido por su labor en la región, explicó que el fenómeno se presentó en un momento de calma atmosférica, con cielo despejado y temperaturas elevadas.
Muñiz describió el suceso como un “ruido subterráneo” que se asemejaba a la ruptura de una nube, resonando como un trueno prolongado y viajando de este a oeste, desapareciendo gradualmente a lo lejos. Esto generó curiosidad y asombro entre los habitantes de las zonas de Navarro, Lobos, Chivilcoy y la costa del Salado, a lo largo de un trayecto que abarcó unas quince leguas.
Condiciones climáticas y reacciones
Durante la víspera y ese día, la región experimentó un calor intenso, marcado por un viento del norte que apenas movía las planicies desérticas. Al caer la noche, un huracán del Oeste dio paso a una lluvia que duró cuatro horas, resultando en una disminución de más de un grado en la temperatura.
Los testimonios recogidos por Muñiz indicaron que varios peones de la zona, habituados a los temblores de tierra, afirmaron que el suelo osciló significativamente mientras reunían ganado en una estancia a unas cinco o seis leguas de Mulitas. Los caballos se mostraron visiblemente asustados, intentando huir en direcciones opuestas a la fuente del ruido. El propietario de la hacienda, a pesar de ser normalmente dócil, también reaccionó de forma inusitada, y el ganado se dispersó rápidamente.
Descripciones y explicaciones científicas
El ruido generado por el temblor se prolongó por aproximadamente 15 minutos y los campesinos hicieron comparaciones con el estruendo de un gran número de caballos al galope. Muñiz, en su papel de hombre de ciencia, consideró que la credulidad popular tiende a transformar los acontecimientos, y mencionó rumores que sugerían una explosión subterránea cerca de la laguna del Socorro, la cual había dañado el terreno. Sin embargo, las indagaciones logradas por el capitán Casal desmintieron esta afirmación.
El médico comparó este fenómeno con las “más recias tronadas” y observó que, a pesar del miedo, los hombres no huían, optando por refugiarse en lugares seguros, mientras que los animales se mostraban atemorizados ante el poderoso despliegue de la naturaleza. Muñiz, quien vivió en la región entre 1828 y 1848, llegó a conocer profundamente a sus habitantes y la cultura local.
Un legado de testimonio
Poco antes de este fenómeno, Muñiz tuvo la oportunidad de dialogar con el autor Esteban Echeverría sobre eventos climáticos en su estancia “Los Talas”. Tras la experiencia de aquella primavera, el médico decidió documentar lo ocurrido y el 26 de febrero de 1847, la “Gaceta Mercantil” divulgó en su primera página la experiencia vivida por los gauchos, contribuyendo a la memoria histórica de este fenómeno.




















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