La relación entre política y moralidad
El nuevo libro de Hernán Brienza, titulado En contra del bien, examina cómo las nociones absolutas de bien pueden llevar a procesos de deshumanización, tanto en el contexto de la historia argentina como en la política actual. En una conversación reciente, el autor se enfocó en la racionalidad de quienes creen actuar en nombre del bien y en los riesgos sociales que ello conlleva.
Reflexiones sobre el bien en la política
Brienza compartió su perspectiva al afirmar: “No sé qué es hacer el bien en política, porque sería un segundo libro”. Su análisis se centra en la tendencia a imponer las convicciones personales sin sensibilidad hacia los demás. Según él, “para muchos, hacer el bien significa enfocarse en la relación con el otro, pero no siempre de una manera sensible o racional”.
Asimismo, el autor reconoce que uno de los problemas de su análisis radica en que está influenciado por una racionalidad kantiana, donde se cree en un bien supremo, independientemente de los medios utilizados para alcanzarlo. Esta falta de sensibilidad hacia los demás permite justificar acciones que, en esencia, responden a intereses propios.
Los peligros de absolutizar el bien
Brienza profundiza en la otredad radical en la política, indicando que esta noción se traduce en la construcción de un enemigo absoluto cuando el actor político se percibe a sí mismo como el portador del bien. Advierte que “la reclamación de bien absoluto para mí es quizás una de las cosas más peligrosas en la política. Las grandes masacres se generan cuando hay una construcción del yo como el bien absoluto y el otro es catalogado como el mal”. Esta lógica conduce a la cosificación y deshumanización del adversario, lo que resulta en la minimización de su condición como sujeto con derechos.
La construcción del enemigo en la política argentina
El autor también analizó la historia de la política argentina, observando que se ha cimentado en la creación de enemigos. Observó que “los liderazgos fuertes tienden a crear este tipo de construcciones”, resaltando la dicotomía de civilización vs. barbarie como base para esta tendencia.
Señaló que el concepto de “bárbaro”, utilizado para describir tanto a extranjeros como a quienes no comparten el mismo idioma, ha servido para justificar la exclusión y limitar el diálogo: “Si no habla tu lenguaje, no podés dialogar con él”. Reconoció que el supremacismo socioracial está presente en Argentina, aunque frecuentemente se ignore.
Manifestaciones actuales y lecciones de la historia
Brienza extendió su análisis a situaciones internacionales, vinculando fenómenos actuales con lógicas de otredad radical. Mencionó que figuras como Donald Trump en Estados Unidos ejemplifican esta dinámica. En Europa, la inmigración genera dos grandes otredades que muestran una “imposibilidad total de diálogo” ante situaciones como el atentado de Hamás y la subsiguiente lógica de bombardeo en Gaza, donde el otro siempre es percibido como el mal.
El autor destacó que el acto de realizar acciones políticas graves es justificado bajo la premisa de actuar en nombre del bien, sin considerar las consecuencias destructivas: “La acción humana nunca se hace en nombre del mal. Eso es lo más preocupante, porque no sabemos en qué momento, en nombre del bien, estamos haciendo un desastre”. Mencionó líderes históricos y actos de violencia para ilustrar esta peligrosa lógica, citando a Videla y su convicción de que actuaba rectamente, incluso en medio de atrocidades.
Memoria y responsabilidad social
Brienza concluye que la sociedad no puede considerarse inocente frente a violaciones de derechos humanos. Al citando a Milan Kundera, subrayó que “los pueblos son responsables de aquello que deciden ignorar”. Comparó la actitud de la sociedad argentina durante la dictadura con otras realidades históricas, reflexionando sobre los matices entre la complicidad, la ignorancia y el miedo.
Considera que cada grado de responsabilidad trae consigo consecuencias diferentes y que la búsqueda de la justicia no debe confundirse con la justificación de las acciones del pasado. “Comprender nunca significa justificar. El daño debe ser reparado, con justicia, verdad o memoria”. Finalmente, citando a Primo Levi, advirtió sobre la repetición de la historia, enfatizando la necesidad de una memoria crítica para prevenir violencias futuras.
Papel de la sociedad ante propuestas políticas
Brienza resaltó la importancia del papel de la sociedad ante las propuestas de quienes buscan el poder: “En las dinámicas actuales existe una dialéctica de amigo-enemigo”, donde los moderados son frecuentemente ignorados. Finalizó sugiriendo que la búsqueda de certezas en visiones absolutas es una necesidad humana que puede ser problemática en el ámbito político.


















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