El impacto del RIMI en las inversiones agrícolas
El reciente régimen de incentivos a la inversión, propuesto por el Gobierno en el marco de la reforma laboral mediante el RIMI (Régimen de Incentivo para las Medianas Inversiones), ha suscitado un intenso debate en la industria de maquinaria agrícola. Un aspecto polémico es el requisito de un umbral mínimo de US$150.000 para acceder a la amortización acelerada, el cual excluye una parte significativa de las inversiones realizadas en el campo.
A pesar de que el RIMI fue diseñado para fomentar proyectos productivos mediante beneficios fiscales, los actores del sector advierten que este requisito es demasiado elevado respecto a la realidad de la actividad agrícola. Ante esta situación, están trabajando en un planteamiento formal dirigido al Gobierno, proponiendo alternativas concretas, como la opción de agrupar diferentes equipos para cumplir con el monto mínimo establecido.
Reacciones del sector agrícola
Si bien la ley ya ha sido aprobada y no está en discusión, los representantes del sector argumentan que la fase de reglamentación representa una oportunidad propicia para realizar ajustes en la aplicación de este esquema. El RIMI fue introducido como una herramienta destinada a incentivar las inversiones productivas, ofreciendo beneficios como la amortización acelerada y la devolución anticipada del IVA. Este régimen establece umbrales variados según el tamaño de la empresa, fijando un mínimo de US$150.000 en el caso de las microempresas.
Desde la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma), se está analizando detenidamente cómo este requerimiento afecta la dinámica del sector. Junto con la Federación Argentina de Máquinas Agrícolas (Facma), uno de los puntos clave que buscan solucionar es que el régimen, tal como está diseñado actualmente, favorece inversiones grandes y únicas, que no corresponden siempre con la manera en que se invierte en el campo.
Propuestas del sector para ajustes
En la práctica, muchos productores y contratistas hacen inversiones escalonadas o distribuidas en varios equipos que, por separado, no logran alcanzar el umbral mínimo exigido. Una de las principales propuestas que han comenzado a discutir incluye la posibilidad de que se considere como una sola inversión la suma de varias adquisiciones que, en su conjunto, superen el monto requerido. Según explicó el presidente de Cafma, Hernán Zubeldía: “Un cabezal maicero o un draper quizás no llegan a los US$150.000, pero si compras el cabezal, la tolva, la casilla, el paquete de inversiones sí supera ese valor.”
El sector resalta que una mayor flexibilidad en este régimen permitiría adaptar las normativas a la lógica real de inversión del agro, donde tradicionalmente las decisiones no se centran en una sola compra costosa. La propuesta está tomando forma y se empieza a canalizar a través de diferentes vías institucionales, intentando avanzar en la fase de reglamentación, que corresponde al Poder Ejecutivo, en colaboración con entidades representativas del sector.
Desarrollo y financiamiento del sector
Hasta el momento, ya ha habido intercambios con Facma y se consideran posibles acciones conjuntas con la Fundación Barbechando, que establece vínculos entre el agro y el Congreso. También se prevé iniciar diálogos con legisladores y el propio Gobierno, subrayando que este asunto impacta no solo a los fabricantes, sino a toda la cadena agroindustrial, abarcando desde productores hasta contratistas.
La situación del mercado se complica aún más, ya que diversas maquinarias, como mixers y tolvas, tienden a tener precios que oscilan entre los US$20.000 y US$50.000, lo que deja fuera de este régimen a gran parte de las inversiones si se consideran de forma aislada. Zubeldía enfatizó: “Generalmente una maquinaria forma parte de un paquete de inversiones que sí supera ese valor.” Asimismo, destacó que para alcanzar el monto mínimo en una única transacción, un contratista debería adquirir equipos de gran escala como una cosechadora nueva o un tractor grande, lo cual no es común.
Expectativas para el sector agrícola
Este debate se desarrolla en un contexto donde se espera una mejora en la actividad agrícola. Luego de un 2024 complicado, el 2025 mostró señales de recuperación, aunque el segundo semestre fue más débil, equilibrando parcialmente la mejora inicial. Para este año, se vislumbra un panorama más optimista, apoyado por una buena campaña de trigo y el avance en la cosecha de granos gruesos como el maíz y la soja, junto a condiciones macroeconómicas más estables. Desde el sector se percibe un margen de mejora, potenciados por iniciativas de financiamiento donde fabricantes y bancos colaboran para sostener la demanda. “Si el clima acompaña, están dadas las condiciones para que sea un buen año,” concluyó Zubeldía.



















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