Un rediseño notable para el Air Force One
En una reciente decisión, la Fuerza Aérea de Estados Unidos ha optado por implementar un nuevo esquema de colores para el avión presidencial, conocido como Air Force One, que se alineará con las preferencias estéticas del ex presidente Donald Trump. Este diseño incorpora tonos dorados, rojos, blancos y azul oscuro, marcando un cambio significativo respecto a la tradicional paleta cromática que se había utilizado durante años.
Detalles del nuevo esquema
- Los aviones Boeing 747 que servirán como Air Force One serán pintados con estos nuevos colores.
- Este diseño fue propuesto inicialmente por Trump durante su primer mandato (2017-2021), pero fue desechado en 2022 bajo la administración del demócrata Joe Biden.
- En su momento, un portavoz de la Fuerza Aérea mencionó que análisis técnicos indicaron que los colores oscuros en el fuselaje podrían sobrepasar las temperaturas límite de ciertos componentes del avión.
Impacto en la tradición presidencial
Históricamente, el Air Force One había mantenido un esquema de azul celeste y blanco desde la administración de John F. Kennedy. No obstante, el nuevo diseño, que se espera principalmente para los Boeing 747-8 en la nueva generación del avión presidencial, promete transformar el aspecto visual de este emblemático símbolo de la presidencia.
Además, se espera que el cambio de pintura se aplique a cuatro aviones C-32 y a un polémico 747 donado por Qatar, que se está adaptando para funciones presidenciales.
Una estética renovada
Fuentes políticas han indicado que el nuevo concepto retoma una maqueta presentada por Trump, que mostraba un fuselaje más oscuro y una franja roja prominente. En su defensa del cambio, Trump había argumentado que el diseño anterior era “anticuado” y enfatizó la necesidad de un avión presidencial que proyectara una imagen “más fuerte, más moderna y representativa del país”.
Desde su regreso al poder a principios de 2025, Trump ha adoptado el color dorado como una insignia personal en la Casa Blanca, similar a la decoración de su residencia en Mar-a-Lago, donde se pueden ver numerosos objetos dorados. Esta preferencia por el dorado ha llevado a una constante remodelación de la residencia presidencial, incluyendo la controvertida decisión de derribar el Ala Este para construir un salón de baile, lo que ha suscitado críticas de historiadores y conservadores.




















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