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Frío extremo y pasión en las tribunas: un derby sin vencedor en St. Pauli

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Un derbi cargado de emociones

Con temperaturas que alcanzan los cinco grados bajo cero, el ambiente en torno al Millerntor Stadion, hogar del Sankt Pauli, se calienta con una pasión humana que rivaliza con la de un volcán en erupción. Este encuentro es particularmente significativo, ya que marca el regreso del clásico de Hamburgo a la Primera División después de 15 años. A pesar de que el aire invernal no sea acogedor, la esencia del derby se siente con fuerza entre las aficiones.

Preparativos en un día muy esperado

El partido entre St. Pauli y Hamburgo se llevó a cabo un viernes, cuando la ciudad se llena de expectativa. La neblina y una sensación térmica de -8 grados predominan en un vecindario que, en noches anteriores, es conocido por su vibrante vida nocturna. Aunque las calles cercanas al estadio estaban casi desiertas durante la mañana, algunos valientes ya se encontraban frente a la entrada. Un grupo de amigos celebraba un matrimonio poco convencional, destacando la casualidad de elegir este día especial para su unión. “No había mejor ocasión ni manera de celebrar nuestra unión, ¡vamos St. Pauli!” expresó Lara, una de las recién casadas.

Expectativas de un clásico

El clásico número 113 de Hamburgo generaba grandes expectativas, especialmente para el equipo local, que estaba buscando una victoria crucial para mejorar su posición en la tabla. El St. Pauli, actualmente último junto al Mainz, estaba decidido a aprovechar su condición de local tras haber finalizado el partido de ida en empate. Este equipo, conocido por su postura solidaria y progresista, contrasta con el Hamburgo, que a veces exhibe un carácter más conservador. Con la afición del HSV comenzando a reunirse en el centro para marchar hacia el estadio, más de 500 policías fueron movilizados para garantizar la seguridad.

Rituales de hinchadas

Las imágenes de la marcha local son notables, con pancartas que afirman que “Amburgo es marrón y blanca”, haciendo referencia a los colores del St. Pauli. Además, el bar “Jolly Roger”, representa el espíritu rebelde del equipo local. Antes de que comenzara el partido, los ecos de la icónica “Hells Bells” de AC/DC resonaron mientras los jugadores ingresaban al campo, creando una atmósfera intensa que rivalizaba con la emoción de un concierto.

Frío en el aire, calor en las gradas

A medida que el partido avanzaba, la calidad del juego se deslució en comparación con la atmósfera en las gradas, donde los aficionados apenas prestaban atención al frío. Durante el entretiempo, una densa niebla inundó el estadio debido a las bengalas, mientras los suplentes se abrigaban para el frío extremo. Al concluir el encuentro, el empate sin goles dejó un sabor agridulce entre los aficionados, quienes habían anticipado una jornada emocionante.

La decepción de los hinchas

A pesar de la desilusión por no haber obtenido la victoria, los seguidores del St. Pauli continuaron demostrando su amor inquebrantable por el equipo. Su regreso a los bares locales para consolarse por esta ocasión fallida evidencia el carácter apasionado de la hinchada, que mantiene su lealtad inalterable incluso en el harsher del invierno norteño. El derby, aunque tibio en el terreno, encierra un calor emocional que persiste en el corazón de sus seguidores.

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